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Desconfianza Ciega

Desconfianza CiegaDespués de haber estado trabajando en la misma empresa seis años, me chocan algunos detalles que se desgranan ante mi atónita mirada.

En este sentido, se me ocurrió escribir sobre la “desconfianza”.

Ante esta situación, en un dilema me hallo, al igual que el del huevo y la gallina. ¿Qué fue antes la desconfianza o la persona sospechosa?

Es difícil responder a esta y a otras preguntas, pero en algunas instituciones, es el pan de cada día. No en vano, no creo que sea el único al que las superioras llaman pidiendo explicaciones de tal gasto, o justificaciones de tal retraso, o justificantes de tal ausencia.

Realmente, como dicen: “es lo que se le pide a todo el mundo”, bueno o eso creo, porque siempre tengo la duda de quién le llama a ellas para preguntarles sobre estos temas.

De todas formas, es lógico desconfiar de la gente, ya que en esta sociedad impera la ley del mínimo esfuerzo, ¿o no es así?. No es rara la persona que se baja el correo en el curro, o que aprovechando las bajas limitaciones de acceso, se baja películas de todo tipo, o el último disco de Pereza, o se mete en el rincón del vago a ver si encuentra algo interesante.

Después de poner a trabajar a tope el Emule, coge el teléfono y habla media hora con un amigo, o con la familia, se va al café, que ya empieza a estar cansado de tanto ordenador, si puede lo alarga hasta los cuarenta minutos. Mientras, se queja por volver a currar. Se sienta de nuevo ante la pantalla, ya se han bajado tres canciones y un 23% de la peli. Hora de mirar el periódico, después un solitario y parar para fumarse un cigarrito con un compañero, 10 minutos largos, volver y quejarse de lo cansados que estamos.

Realmente, estamos pidiendo a gritos que desconfíen de nosotros, realmente estamos demandando inconscientemente que nos controlen férreamente, que nos pongan normas estrictas, porque sino, no somos eficaces ni eficientes y no nos ganamos el pan como deberíamos. Porque, además, como es tan difícil de controlar nuestra productividad. No hacemos tuercas, o tornillos, es fácil que escurramos el bulto con excusas muy bien ensayadas.
Lo estamos pidiendo, la gente que trabajamos en esto, no somos de fiar.

De hecho yo ya no me fío de mi sombra. Creo que tendré que darle la razón a mi jefa… Quizá le llame hoy para preguntarle cómo hace para ser tan honesta.