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Cartas de Desencuentro

Cartas de DesencuentroEmpieza el otoño por el Norte, aunque su apariencia sea invernal. Toca convivir con la única cara que nos queda, a las primeras turbulencias, ventiscas, granizadas y chaparrones. Corren tiempos locos, y a la par sus viandantes.

Pepe es un señor de 50 años que vive agobiado por su situación familiar. Afirma rotundamente que las instituciones le han robado a sus hijos y que le están volviendo loco. Nadie le hace caso (o el caso que él demandaría) y se siente desprotegido y ultrajado. Puede que esté en lo cierto. Que dos menores salgan de una familia, siempre es un trauma y una situación muy dolorosa. Es el extremo al que jamás a nadie nos gustaría llegar.

Aseado, bien vestido y con buenas formas, quería entregarnos a los educadores del Hogar una carta. Un folio DIN A- 4, escrito a ordenador, bien estructurado, limpio y claro en el mensaje: En él venía a decir que a su hijo le llevaron al Hospital una semana atrás, por una caída en el domicilio familiar, durante el transcurso de una salida. Por este motivo, Pepelu (nuestro joven) está en estos momentos con una mano escayolada.

Dos días antes, casualidades de la vida, el joven recibió un balonazo, en el patio del colegio, en la muñeca de esa misma mano. Le dolió, se quejó, y los educadores (creemos que con buen criterio) le pusimos una pomada anti-inflamatoria, en ese mismo instante, habitual para estos casos. No vimos urgencia alguna ni gravedad que nos hiciese hacer uso de un médico, unas urgencias o un hospital.

El padre entiende (presionado e impulsado por su exesposa y madre del niño) que ha podido haber una negligencia por nuestra parte en el cuidado de su hijo, y que podría haber una rotura del brazo, anterior a la caída del menor. Viene a su vez asesorado por “la abogada”, y piensa seguir hurgando y analizando cada situación, hasta poder conseguir la tutela de sus hijos (“y así poder recuperarlos, porque me han puesto de negligente y mal padre“).

Nuestra labor educativa está siendo positiva, a su entender, pero en ese aspecto concreto, puede haber habido un fallo y va a tirar para adelante, llevando el texto de la carta donde hubiese menester. El cometería fallos, pero los demás también, venía a decir.

Me presenté como tutor personal de Pepelu (porque lo soy), e intenté razonar con él, los diferentes matices y roles o responsabilidades del caso en cuestión. Le escuché atentamente más de 20 minutos, pero no pude ayudarle: No soy juez para devolverle la responsabilidad y tutela de sus hijos y no firmé la carta que pretendía entregarme y hacerla llegar a los demás organismos.