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Carta a un Maltratador
La semana pasada circuló un mail entre mis compañeras de trabajo y entre diferentes servicios pertenecientes a la empresa para la que curro. Dicho mail acabó llegándonos. Este mensaje contenÃa una emotiva y emocionante carta escrita por un chaval de 2º de Bachillerato.
El nombre del autor es Fernando Orden Rueda y estudia en el IES Bioclimático de Badajoz. La redacción de la citada misiva le ha valido obtener el II Premio del II Concurso Nacional ‘Carta a un maltratador’, convocado por la Asociación ‘Juntos contra la violencia doméstica’.
Realmente y desde mi más humilde opinión, lo que este muchacho ha escrito me parece acreedor de galardones de este tipo. Os dejo con esta carta a un maltratador a ver qué os parece a vosotros y vosotras:
Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?
Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufrÃa.
Hasta aquel último dÃa. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No habÃa dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirÃas) o darle una paliza con la que solÃas esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguÃa guapa a pesar de todo y yo me habÃa quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya habÃa hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. OcurrÃa casi cada dÃa, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se habÃa preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creÃa que tenÃa que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguÃa hacer siempre bien lo que tú querÃas. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque querÃa huir de allÃ, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguà hacerme entender.
Te acercaste y sudabas, todavÃa tenÃas ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarÃas cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decÃa: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sà que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se habÃa negado a nada.
Me puse contento antes de tiempo.
Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…
Y sucedió.
Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavÃa porque querÃa vivir. SalÃa la sangre y yo me debilitaba. Me dolÃa todo y me dolÃa también el cuerpo de mamá. Creo que sufrà alguna rotura mientras ella caÃa desmayada en un charco de sangre.
Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mÃ.
Y ahora me dirijo a tÃ. Esta carta es para tÃ, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mà que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.
Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mÃo porque en el barrio todos sabÃan que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.
Publicada por: lucce
el 10 dUTC Noviembre , 2008
Categoria: ¡Denúncialo!,Juventud,Publicaciones,Vomitonas






3 Comentarios Añade tu comentario
1. Isaac | 10/11/2008 a las 4:57 pm
Buuuf, duro pero claro.
Una buena carta.
Saludos!
2. Miriam | 3/01/2009 a las 1:42 pm
He leido cartas de este tipo, pero esta sin duda la mejor
3. Tema 5: La violencia de g&hellip | 28/02/2009 a las 10:50 pm
[...] esta impresionante Carta a un maltratador con la que un alumno de 2º de Bachillerato ha obtenido el segundo II Premio del II Concurso [...]
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