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Unos/as y Otros/as

Unos y OtrosLa sala de espera de un centro de salud mental suele ser un curioso y divertido cajón desastre, por donde desfilamos las más genuinas personalidades de la fauna urbana. Desde señoras bien, de clase media-alta con ganas de desahogarse, a jóvenes quinceañeros tuneados con espasmos bio-mecánicos, pasando por educadores “super-nanies” que se muerden las uñas mientras esperan con ansias poder coordinarse con la psicóloga en cuestión, hasta adolescentes pre-mamá que no supieron decir a tiempo cómo y cuándo.

Acabamos de empezar con esta profesional de la psicología, pero las sensaciones son muy buenas. Empática, comunicativa, receptiva y cercana. Los treinta minutos quincenales que se tira con nuestro joven se hacen cortos y, por la cara que pone el menor al salir de terapia, parece que muy provechosos. Cuando termina la sesión, llama al educador y comparte, junto con el menor, los abatares de la sesión y la estancia del menor en el Hogar.

En estas semanas, el chico se siente triste y se le hace largo el periodo de estancia sin visitas familiares (con su madre, en especial). La solución momentánea, coordinada y consensuada, es que llame telefónicamente entre diario a su progenitora, e invitar a su madre (como adulta que es y cabeza de familia) a que le corresponda de igual manera, para hacer más efectiva la relación y comunicación con su hijo. Cosa sencilla, que muchísimas veces se escapa a muchas de las familias con las que trabajamos.

Otra compañera educadora, sigue a la espera de poder entrar a la consulta de otra profesional, donde se halla su usuaria: una joven mama recién llegada del Este, que busca recursos para su bebé (sanitarios, económicos, etc, etc…). Difícilmente sabe el idioma, pero aún así, la profesional del centro la ha hecho entrar sola, dejando en la sala a su bebé y a la educadora que le acompaña. “Tú te quedas ahí“, le dice de primeras a la compañera. Después de cuidar de la bebé, la hace entrar con la usuaria, dejando ya como colofón, a la bebé sola en la sala de espera (bueno, a decir verdad, rodeada de desconocidos/as). Imagen y sensibilidades echadas por tierra a la primera de cambio. No parecen palabras, ni formas. Lamentablemente, a lo largo de la vida, te puedes encontrar con unos/as u otros/as. ¡Qué suerte he tenido!

Esta semana pasada, el educador familiar que trabajaba con nuestro joven antes de estar con nosotros/as, nos ha llamado por teléfono. Hace el seguimiento de la familia desde hace tiempo, y le gustaría visitarnos para ver al menor, charlar con él y coordinarse con nosotros. La respuesta ha sido rápida, sencilla y concisa: “Cuando quieras“. En ocasiones, las cosas son tan sencillas como parecen, y solo es cuestión de la predisposición de las personas.