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Reencuentros

ReencuentrosLos que hoy podemos gozar y disfrutar de la profesión de Educador, no debemos olvidar una cosa: ayer fuimos educandos. Aún nos parece relativamente fácil posicionarnos en la visión del joven aprendiz, dado que no hace mucho tiempo atrás, fuimos uno de los suyos. Craso error. Ahora no es igual que ayer, ni será igual mañana. Nuestros jóvenes son personas maravillosas, educadas y conflictivas, como lo éramos antes. Pero, mal que nos pese, somos muy diferentes. Los contextos son distintos y, quizás, la sociedad no sea la misma ni con ella una serie de valores que la acompañan.

Mis vecinos de la serie “Qué vida mas triste“, lo escenificaron perfectamente días atrás, con un video que rezaba algo así: “Si tú hubieras vivido en mis años…“. Esta frase tan repetida en todos nuestros hogares, es hasta ahora, la prueba más palpable de que, efectivamente, los tiempos cambian. Y por ende, cambian a las personas.

Aunque no tanto…

Jueves 13 Noviembre. 11 am. Los educadores, interventores, trabajadores sociales, o como coño nos quieran etiquetar los medios, teníamos una cita reivindicativa con nuestro presente socio-laboral. Dos semanas atrás, fue la presentación oficial del sector levantado en armas y entre la multitud, y el carácter medio-festivo de estas concentraciones, no me dio tiempo a saludarla. Pasó delante de mí como un fantasma del pasado, pero de los que te deja muy buen sabor de boca. Dos generaciones educativas, en una misma manifestación: Profesora y alumno, bajo una misma bandera.

En esta ocasión, no teníamos excusa para no saludarnos y recordar nuestra vieja relación. Se acordaba de mí, tan nítidamente como yo la recordaba a ella; con la salvedad de que yo, aún reconocía su nombre y gustos musicales. Fue ella, sin embargo, la que dio el primer paso, y se acercó hacia donde yo estaba. En ese momento, al verla venir, no dudé ni un momento en soltar la pancarta que portaba e ir a su encuentro para darle un beso. Me hubiese encantado darle las gracias por todo lo que había hecho por mí como profesora. Pero no lo vi claro. No se sorprendió mucho por verme en esta tesitura profesional y, es más, me recordaba como buen estudiante; cosa que jamás logré ser.

Repetí tantos cursos, como los que repiten hoy mis chavales, con la salvedad de que un día se encendió la luz de la motivación, y no ha logrado nadie ni nada apagarla hasta hoy. Sigo aprendiendo de cada situación y cada persona, como un aventurero de las experiencias.

Dedicado a Mari José, por seguir intentándolo. Animo por tu vuelta al Insti.