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Aquella Señora de Nombre Universidad

Aquella señora llamada Universidad- ¡¡¡¡¡ Ti-no-ni, ti-no-ni ¡¡¡. ¡¡¡¡¡ Ti-no-ni, ti-no-ni ¡¡¡¡¡.
– ¿Sí, quién es?
– Buenos días. ¿Podría hablar con algún educador referente del hogar?
– Si, claro, dígame. Esta usted con uno. Mi nombre es Asier.
– Hola Asier, encantada. Mi nombre es Rosa y soy estudiante de Trabajo Social de la Universidad. Estamos haciendo un trabajo, y necesitamos poder entrevistar a un profesional en activo, para dicha actividad. ¿Sería posible quedar contigo para compartir experiencias y realizar la entrevista?
– Bueno, en principio, ummmm, sí; pero una cosita, una cosita… ¿cómo habéis conseguido este numero de teléfono del trabajo, por curiosidad?
– Hemos consultado en Internet, y aparecían varios directorios de recursos sociales. Por eso os hemos llamado

(¡¡¡Vaya con la confidencialidad¡¡¡ – pensé yo – Ahora entiendo porque de un tiempo a esta parte, nos están llegando más curriculums que a un supermercado del DIA)

– Bien, Rosa. No hay ningún problema. Ahora mismo estoy en jornada laboral, pero si os queréis acercar a Bilbao, podemos quedar en una cafetería cercana a primera hora de la tarde.
– Muy bien, fantástico. Me daría tiempo de esa manera, a poder llamar al resto de compañeras del grupo y reunirnos.
– A las 4 entonces, ¿de acuerdo?
– Muchas gracias. Allí estaremos.

Salgo del hogar con cierta sonrisa inocente y risueña, pensando reverdecer viejos laureles estudiantiles que me devuelvan a tiempos pretéritos. Es, en realidad, sólo una entrevista, un intercambio de pareceres y conocimientos. Aunque, a decir verdad, lo que me transmite es algo más fuerte: recuperar mi bisoñez y reencontrar el ambiente universitario, del que nunca quisieras desprenderte.

Al final de la calle veo a dos jóvenes de muy buen parecer, esperando impacientes la llegada de alguien. Sus bolsos ahondados por la carga de libros, y su estética cool de la universidad privada del norte, las delata. Me presento y quedamos en entrar al café. Ambiente más cercano y cómodo, para adentrarnos en materia. Una de ellas se muestra agradecida, queriendo pagar las consumiciones. La convido a que lo guarde, y haga uso de ello cuando se inicie en el mundo laboral de la Intervención social.

Desgranamos por encima el trabajo en el hogar, y ellas me describen en qué consiste su actividad. El tiempo pasa ameno, entre historias, anécdotas y llegada del resto de compañeras. Con las dudas razonables que teníamos todos en nuestro desorientado periodo formativo, me consultan sobre las posibilidades reales que tendrían ellas de trabajar como educadoras. Les respondo que no están capacitadas para intervenir o poner en marcha un proyecto socio-educativo, pero, por el contrario, sí para la realización o coordinación de casos, recursos, etc, etc…

Cada uno en su casa, y la Educación en la de todos/as.

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