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Sentidos Opuestos

Sentidos OpuestosLa reunión de equipo semanal ha sido una autentica batalla dialéctica; llena de exabruptos, ironía y mala leche. Muy de vez en cuando, toca una de esas terapias grupales de choque, para insuflar ánimos y gritar a los cuatro vientos, que las cosas se hacen e interpretan muy mal en este complicado mundo de lo social.

La gracia del asunto es que no ha sido contra nosotros mismos (¿estará el equipo en fase de abducción o alienamiento profesional?), sino contra uno de esos profesionales puntuales de la educación, cuya pretensión malévola es cambiar jóvenes de centro educativo, como quien cambia cromos a la puerta de una de sus escuelas.

Rechazando categóricamente las generalizaciones, esta semana pasada nos tocó reunirnos con la orientadora de un centro educativo. Años atrás, tuvimos una relación puntual con esta profesional y, precisamente, con el mismo argumento (¿casualidades?), contenido y fines: “¿Vuestro joven podría matricularse en el centro educativo de vuestro barrio, más cercano y cómodo para él?”. Está ávida profesional de la educación, parece estar más centrada en desocupar aulas, que en procurar mejorar el rendimiento de las que ya hay.

La respuesta, como podéis imaginar, no fue positiva, echando por tierra las mejores intenciones de la orientadora en cuestión. No quedando ahí solo el asunto; comprobamos como, de un tiempo a esta parte, nuestro joven pre-adolescente está siendo observado con lupa, hasta el punto de iniciarse una campaña de acoso y derribo disciplinario, contra él. “Si no podemos por las buenas, lo haremos a base multas y faltas, ya verás como aprende”, deben pensar los nuevos gurús pedagógicos del centro educativo en cuestión. “Haber si así, a base de faltas, acaba saliendo y/o expulsado del centro”.

Creanme si les digo, que no es conflictivo, ni violento, ni nada de nada. Contestatario, como el joven medio español de 13 años que es. Ni más, ni menos. Con diferentes profesores, y diferentes profesionales de la orientación, ha logrado acumular 1 o 2 faltas lo más, en los 3 años anteriores que estuvo en ese mismo centro cursando Primaria. Pero el salto a la secundaria, se esta convirtiendo, para según que jóvenes, en un autentico reto de salto con pértiga, con el listón rozando el cielo.

Hemos recibido una carta disciplinaria, donde se comunica la acumulación de 5 faltas leves, que ejemplifican una falta grave. De esas 5, dos de ellas, son faltas disciplinarias el hecho de no haber entregado firmadas en tiempo estimado (uno u dos días máximo) las susodichas faltas anteriores.

Sin embargo, a esta orientadora, parece no importarle tanto el hecho de que el aula de nuestro joven, no tenga un tutor de referencia desde que se inició el curso, ni de que las clases sean llevadas (seguramente de la mejor manera que estime oportuno) por una docente que sustituye a la sustituta de la otrora tutora. Que desvergüenza y pena me da.

Como recomienda mi hermano Ibaizabal, habrá que seguir buscando otros referentes positivos del menor, en ese centro educativo, para ir hacía adelante y no para atrás, como alguna pretende.