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Sorpresa en la Cancha

Sorpresa en la CanchaCaminando por las calles de nuestros pueblos y ciudades, nos encontramos con alguna que otra sorpresa, sobre todo los fines de semana.

Te acuerdas de aquel campo de tierra, casi abandonado, olvidado y huérfano de balón y repiqueteo de pies. Pues, cuál es mi sorpresa al verlo lleno a rebosar. En un principio me quedo atónito, incrédulo, me choca, casi se me hace incómodo ver tal transformación, tal invasión. Me acerco curioso y veo decenas de personas inmigrantes, unas juegan un partido, otras miran, animan, vitorean, comen, charlan, beben.

Mientras, un par de vendedores ambulantes hacen el agosto entre la gente, que compra aquí y allí.

Tras este descubrimiento en mi paseo, no le di más importancia, pero hace una semana acudí a unas jornadas sobre “Uso social de los espacios públicos urbanos” y después de poner todos mis sentidos, comprendí que este uso de canchas y parques, no era una cosa aislada. Así, parece que es un acontecimiento que va a más, cada vez en más zonas y rincones de los pueblos y ciudades.

Por un lado, no se puede negar lo satisfactorio que resulta que campos e instalaciones infrautilizadas o abandonadas por las administraciones y por los y las ciudadanas, se usen de nuevo y cobren vida.

Desde luego, es muy importante, que desde la población inmigrante se fomenten actividades deportivas, que además suelen aglutinar a diferentes nacionalidades, tanto latinoamericanas como africanas e incluso a los dos sexos.

En este sentido, chapeau, y también en el sentido de movilización, de organización, habiendo fundado asociaciones para gestionar estos eventos. Desde luego, mucho deberíamos aprender en este sentido.

Sin embargo, y aún admirando este uso de las canchas y parques, no puedo menos que lamentar que la gente autóctona no participe en estos eventos salvo en acciones testimoniales.
No puedo dejar de preguntarme, ¿por qué no hay equipos de personas autóctonas o incluso mixtos?

Me queda el regusto amargo de una oportunidad desaprovechada. Si esos chavales comparten aula con otros autóctonos y juegan en el recreo, ¿por qué no pueden hacerlo en un torneo organizado en esas canchas?

Con esto, no quiero culpar a nadie, sólo quiero que reflexionemos sobre como podríamos aprovechar esta oportunidad…

¿Ideas, experiencias?