Tags

Related Posts

Share This

Jonhie ha vuelto a la Ciudad

Jonhie ha vuelto a la CiudadHa pasado un mes y medio desde que la madre de Jonhie, quien aún regentaba la tutela del joven, decidió embarcar al menor en su quincuagésimo proyecto de vida, tomando rumbo a la capital. Allí le estaba esperando una abuela, de esas que aún pasadas las décadas, los hijos y las canas (provocadas por estos últimos), sigue educando pasados los 70.

Jonhie dejó un buen sabor de boca entre algunos educadores, a pesar de que no tuvimos tiempo de habernos despedido educadamente, valga la redundancia, como nos hubiera gustado. Quedó cierto sabor amargo, al desencadenarse los hechos de su marcha de una manera brusca y desesperada. Jonhie daba muchos quebraderos de cabeza (¿recuerdan a Aurora, la directora pedagógica de su centro escolar?), pero casi nadie se percató, de que su cabeza también estaba en proceso de resquebrajamiento.

Esta semana ha venido a visitarnos al hogar. Siempre queda algo, solemos decirnos al oído, unos y otros educadores, para enrocarnos en la teoría de que el trabajo diario no caerá en saco roto. Estuvo poco tiempo entre nosotros (físicamente) y sin embargo, aún me parece que no se ha ido. Con este saludo puntual, esta atención desinteresada, llena algunos de nuestros huecos o vacíos profesionales. Con tan poco, que tanto ha llenado; y él sin saberlo.

Han visto conveniente para él que se ubique nuevamente en un hogar de acogida, pero esta vez, lo suficientemente distante de su entorno socio-familiar para que, en una temporada, pueda ir desarrollándose en un contexto más positivo y menos inestable. Sinceramente no sé si surtirá efecto o no. Jonhie lleva escrito a fuego una serie de códigos y hábitos contextuales, que serán difíciles de reconducir de un plumazo. Principalmente, porque no quiere. Y seguramente, porque con el tiempo, vaya interiorizando un distanciamiento o pasividad familiar hacía su persona: “No me quieren y por eso me mandan de un sitio para otro”.

Aún dándose el caso de que esto no fuera así, lo primero que debería quedar claro es la posición de la familia (padres/madres, hermanas, familia extensa…). Si es por su bien, aclararlo y estar con el menor a las malas, y a las más maduras. Pero siempre cerca, sin descuidarlo (visitas, llamadas, salidas familiares…). Si esto no fuera así, a corto plazo la situación cantaría a la legua, y no habría palabras ni excusas que llenasen esas ausencias. El menor se siente abandonado, rechazado y apestado: ¿Por qué a mí?

Trabajar con sentimientos y posicionamientos no es lo mismo que trabajar las habilidades sociales o la modificación de conducta. Es una escritura antigua, clavada a fuego en el pecho de las personas, que se intenta combatir desde la psicología y la psiquiatría. Unas veces con éxito, y otras con fracaso.