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Educador las 24 Horas o Tiquismiquis Recalcitrante

Educador las 24 Horas o Tiquimisquis RecalcitranteDefecto profesional será. Así lo llaman en otros oficios. No sé. El caso es que, a veces, tengo la sensación de que ejerzo de Educador Social en el ámbito de la protección del menor las 24 horas, en cualquier momento y contexto, montándome películas que puede que no tengan absolutamente nada que ver con la realidad (o sí). Películas que, encima, tienen que sufrir las personas que me acompañan. Pongamos un ejemplo.

Hace dos domingos asisto a una misa por el aniversario del fallecimiento de mi abuela. Llegamos al evento en cuestión un poco tarde y no podemos sentarnos en las bancadas del templo (no sabía que asistiera tanta gente a la iglesia), por lo que nos quedamos de pie junto a los confesionarios.

En estas que aparece una chica, como de unos cuarentaytantos años, tambaleándose, sujetada por una pequeña niña de unos 8 años de edad aproximadamente, hasta que un feligrés cede su sitio a la mujer en cuestión.

Esta escena se produce a escasos cinco metros de donde nos encontramos. Desde esta posición puedo ver como, una vez sentada la mujer a la que yo ya catalogo para mí mismo como madre de la mencionada niña, ésta se queda de pie atenta a los movimientos de la supuesta progenitora, presta a actuar si es menester.

La niña pasa de esta forma toda la misa. Mientras, su madre se dedica continuamente a girarse hacia atrás expresando algo extraño a la persona que se encuentra ahí. La expresión de la cara de esta mujer denota, en mi calenturienta imaginación, un problema de salud mental, algún tipo de trastorno.

Y, como ya estaréis suponiendo, en esta peli made in lucce, la niña de 8 años es la típica menor parentalizada que tiene que asumir responsabilidades para con su madre que no le corresponden por edad, hecho este que puede suponer un indicador de riesgo para esta niña.

Y es más, me sigo preguntando, ¿dónde está el padre?, ¿no existe?, ¿las ha dejado solas?, ¿una mujer discapacitada y una niña de 8 años responsable de su cuidado y del de su madre?

Al finalizar la misa, la chica se levanta ayudada por su hija, y pasan al lado nuestro; la mujer balbucea algo prácticamente ininteligible a lo que la pequeña responde con una cara de resignación.

Le comento a Ana, mientras esperamos a mi familia (que sí llegó a la hora y tuvieron sitio para sentarse), que mañana mismo voy a ponerme en contacto con los servicios sociales del ayuntamiento para contar todo lo que he visto y para saber si, de una forma u otra, les puede sonar algún caso con las características observadas y que si no, en caso contrario, han de investigarlo.

Obvia y afortunadamente, mi chica me da un bofetón verbal en el que me insta a que no flipe tanto, que desconecte un poco y no sea tan tiquismiquis con situaciones que imagino sobre personas a las que no conozco de absolutamente nada.

Ante todo lo dicho, sólo saco dos conclusiones: que las misas me aburren de tal forma que me tengo que montar historias en mi cabeza y que quizá necesite vacaciones.