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Al Mal Tiempo…

Al mal tiempo...Seguro que todo el mundo ha pensado el mismo final para la frase (…buena cara), pero ya me gustaría a mí poder ponerla muchas tardes.

Cuando en tu trabajo, el tiempo es un condicionante muy importante, en esta temporada de continuos temporales, ciclogénesis explosivas, lluvias torrenciales, inundaciones y más nieve que en el ártico… se antoja poco menos que difícil esbozar una sonrisa, aunque sea leve, efímera, nimia.

La verdad es que es una lata, y nunca mejor dicho. En mi caso, que soy principalmente Educador de calle, es una “peazo lata”, pero aún así, te esfuerzas en seguir y buscar los recursos que puedas apañar.

En este trabajo, cuando nos pilla una tarde desapacible, iniciamos la búsqueda armados con nuestro paraguas fuertemente agarrado con cuidado de que el viento no descoyunte nuestra débil protección. Andamos al revés que las ranas, esquivando los charcos, si bien los vaqueros, empiezan a tener tonos oscuros fruto de la humedad.

Avistamos entonces, un pórtico-oasis en la lejanía y en un slalom de charcos, nos acercamos al cobijo de algunos chavales, cuando hay suerte.

Entonces, por lo menos tenemos un kit-kat, y podemos sonreír. Empezamos a intervenir con la cuadrilla, pero como hace tan malo y llega un compañero que se ha sacado el carné y tiene coche, se lleva a la tropa, y como los sitios están contados, nos quedamos con cobijo y sin chavales. Así, que nos armamos de nuevo con el kit antilluvia y seguimos nuestro devenir entre las calles y parques repentinamente despoblados.

Por el camino, nos encontramos con un par de chavales más, que se dirigen a casa de un amigo a echar unas partidas a la play, y cruzamos unas palabras. Es poco, pero menos da una piedra.
Entonces, cuando ya empezamos a estar mojaditos, decidimos ir a un bar dónde suele pasarse un grupo de jóvenes.

Llegamos y un par está jugando a una tragaperras mientras otro mira el fluir de luces como hipnotizado.

Estoy un rato hablando con ellos, hasta que a uno le llaman al móvil… En diez minutos ya se han ido y me quedo solo, con mi paraguas en la mano y los bajos de mi pantalón empapados.

Ciertamente, la tarde no ha estado tan mal para el tiempo que hace y las ha habido peores, pero hay que tener mucha paciencia para aguantar este invierno sobre las espaldas.
De todas formas, no creáis que estoy deprimido y que no sigo sonriendo, pero me apetecía desahogarme un poco en este espacio, cagándome en la jodida ciclogénesis explosiva y esperando a la soñada, espléndida y soleada primavera.

Se despide, húmedo pero sonriente, el educador anfibio.