Tags

Related Posts

Share This

Circo Picolino

Circo Picolino

Hace una semana el que abajo firma regresó de unas vacaciones de las que no dejó constancia por estos lares, a diferencia de otras ocasiones, más que nada, por no generar excesiva envidia entre los lectores y lectoras de este espacio. Sí, y lo digo ahora, a toro pasado: la semana pasada volví de 12 días de asueto por el Brasil.

Unos maravillosos días en los que pudimos disfrutar de preciosas playas, vivísimas ciudades, fiesta, samba y demás familia. Unas vacaciones que me han permitido desconectar del currelo bastante bien y sobre las que ni siquiera a la vuelta había pensado comentar nada por aquí.

Pero heme en estas que, una de las actividades que desarrollamos en ellas, me han empujado a tener que divulgar un precioso proyecto de Educación Social que se desarrolla en una de las ciudades brasileñas que hemos visitado: el proyecto en cuestión se llama Circo Picolino y la ciudad a la que me refiero es Salvador de Bahía.

Así, una de las mañanas que pasamos en esta joya afro-brasileña, nos mostraron el buen hacer que se desempeña con los críos de Salvador en una escuela de circo. De esta forma, nos acercaron para ver cómo pequeños niños y niñas de entre 5 y 8 años eran entrenados en las artes circenses, así como en otras actividades de carácter más académico, con el objetivo de alejarles de la calle, desgraciadamente, una de las realidades marginales más habituales en este gigante latinoamericano que, eso sí, poco a poco, va tirando para arriba.

Niños y niñas que eran entrenados por unos fornidos chicos y chicas que, en su día, también fueron niños y niñas como los que ahora estaban sobre la arena. Saltimbanquis, payasos y demás artistas saldrán o han de salir desde la carpa de este Circo Picolino de Salvador de Bahía.

Este proyecto, surgido en el año 1985 de la mano de los artistas Anselmo Serrat y Verônica Tamaoki y que nació como una escuela de circo, pronto se recondujo a los niños y niñas en situación de vulnerabilidad social. Se convirtió por tanto en centro de Educación Social que utilizaba y utiliza el circo como herramienta, como instrumento. Preciosa y divertida estrategia como imaginaréis.

Con todo, los objetivos que se persiguen desde el Circo Picolino son los siguientes, y “traduzco” lo que viene en su web:

    Promover el desarrollo de niños, adolescentes y jóvenes, prioritariamente los que se encuentran en desventaja social, a través de artes circenses y acciones complementarias.
    Integrar niños, adolescentes y jóvenes de diversas realidades sociales.
    Formar artistas para espetáculos de circo.

Una suerte, con todo, la que tuvimos de poder conocer esta preciosa historia. De ver a unos niños y niñas, dedicándose a hacer equilibrios sobre el alambre, a andar en monociclo o a volar en el trapecio, empujados por unos monitores extraordinarios que, como ellos, crecieron en favelas humildes.

Según nos explicaron, la mayor parte de ellos se apuntan al Circo Picolino a demanda de los padres, a quienes llega la información por la labor divulgativa que sus responsables realizan en las zonas más humildes de Salvador. Allí, como ya he comentado, además de recibir formación circense, los chavales y chavalas reciben refuerzo escolar y, en definitiva, se les aleja de unas calles que, desgraciadamente, poco tienen que ver con lo que podemos conocer, en general, por estos lares.

Esto es importante porque la presencia de niños y niñas ejerciendo la mendicidad, de niños y niñas en situación marginal en Salvador de Bahía es amplia, igual que en Río y, a buen seguro, en muchas otras ciudades de Brasil. Por ello, no puedo más que aplaudir lo que hacen desde el Circo Picolino por estos chicos y aportar, desde este humilde pedestal, este pequeño granito de arena para difundir lo que allí realizan: un trabajo educativo y social que me hizo recordar porque me gusta esta profesión nuestra.

El único pero que les voy a poner, en este caso a los profesores y profesoras de circo, es la caña que nos metieron a los turistas que visitamos el proyecto y a quienes nos hicieron practicar algunos de los ejercicios que sus alumnos realizan. Aún me duelen las piernas, los brazos y las pestañas, jejeje.

Más Info: Circo Picolino