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Las Princesitas de Parla

Las Princesitas de Parla

La velada transcurría amena y distendida. En los escasos momentos de respiro que nos regalábamos, nuestras amigas accedían al balconcillo adyacente a por su dosis de nicotina. El frió las devolvía rápidamente a la cocina y por ende a la tertulia. En un cruce de miradas fugaz y retomando una de las últimas cuestiones pendientes, Lidy lo suelta:

– Entonces Asier, ¿no te gustamos los psicólogos/as?

– No he dicho éso. En ocasiones, me cuesta mucho trabajar con algunos de ellos/as. Diagnósticos no formalizados ni estructurados, Informes generales sin atender a las especificidades, poca carga implicacional en la toma de decisiones, escasa participación en las intervenciones a consensuar o marcar límites terapéuticos o educativos que llevar a cabo.

Tengo la certeza y convicción de que en algunas entrevistas y casos con los que trabajo, tengo que defender una posición y un criterio que, en ocasiones, van en dirección contraria a las que lleváis a cabo las personas que interactuáis con los usuarios mano a mano, las 24 horas del día (hoy hablamos de personas con enfermedad psíquica). Manejo una información y un mundo interior, que me es conferido y por ética profesional no puedo manifestar, pero creo que lo mejor para esa persona es, una u otra línea socioeducativa.

– Tengo que darle la razón a Lidy. Puedo decir en lo que a mi me toca y en primera persona, que en el trabajo diario que desarrollo, la ayuda en forma de pautas que me aporta Lidy son importantísimas.

– Sí, Soli. Yo también lo corroboro y puedo afirmar abiertamente que, en determinados casos y usuarios, la ayuda aportada por los psicólogos/as y sus informes, son de una enorme valía para los educadores – comenta nuestro amigo y tertuliano Bidezabal – Lo que sí tengo que decir, por poner alguna pega, es que en un equipo multidisciplinar, y coordinadas todas las partes involucradas, la palabra del psicólogo/a va a misa. Prevalece casi siempre, por encima de la de los/las educadores/as.

Casi sin quererlo, y con las reservas de licor bajo mínimos, vamos despidiéndonos fraternalmente. Prevalece la esencia de que Educadores y Psicólogos/as debemos seguir trabajando hombro con hombro, en un mismo barco (= al bienestar de la persona usuaria que participa de nuestros servicios) y siguiendo un mismo rumbo, si fuera posible. No todos los caminos conducen a Roma, pero cuanta más gente vayamos de la mano, siguiendo el curso del río Tíber junto a las siete colinas, menos probabilidades tendremos de perdernos.

Felicitamos a nuestras compañeras por su arduo y enriquecedor trabajo, deseando que la señora Aguirre, no meta la mano en exceso en ese programa maravilloso de unidades convivenciales semiautónomas para personas con enfermedad mental. La niña bonita de cualquier organismo de Acción Social, que se precie.

Ilustración: David Ardila