Tags

Related Posts

Share This

Una Tarde en el Oasis

Una Tarde en el OasisHoy escribo para compartir en este espacio una tarde de Educador de Calle la mar de curiosa, inesperada, y campestre. Hecho que choca al encontrarme en un entorno predominantemente urbanita.

Me encontraba caminando por las aceras y el asfalto, cada vez más familiar de mi entorno de trabajo, cuando me encontré con un joven con el que estuve conversando sobre un problemilla de demora en la devolución de unas películas en el videoclub.

Tras este pequeño sucedido, seguí dando cuerda a mis piernas y me dirigí a una zona hacia las afueras, lugar que aún conserva algunos caseríos, “baserris” llamados en esta tierra.

Mientras iba pensando en dónde tendrían el “garito” los jóvenes que me invitaron a pasarme, una voz a mi espalda me sobresaltó, llamándome por mi nombre… Y ahí estaba de pie junto a la verja y junto a un caserío de considerables proporciones. Me invitaron a pasar y me dispuse a descubrir lo que ellos me enseñaran.

En principio, habían improvisado un lugar de encuentro, en plan lonja en la entrada del caserío, no accedían al interior que además no debía de ser muy seguro, viendo el estado en el que se encontraba el tejado.

Aún así, ahí estaban los sofás, la mesa y demás cachivaches típicos de un local de jóvenes.
Pero, ahí no residía la sorpresa más agradable; detrás de un sígueme, descubrí que había un terreno bastante grande en el que estaban plantadas diferentes verduras, como habas, guisantes o lechugas, además de algún frutal.

Según me contaron, les habían cedido el lugar y habían tenido que trabajar duro para desbrozar el terreno para liberarlo del bosque de zarzas.

Yo mismo, me puse manos a la obra, ayudándoles a arar una pieza de terreno para plantar unos vegetales.

Como última pieza de la experiencia, me llevaron a un pequeño gallinero, procediendo a alimentar a las hambrientas criaturas.

No sé lo que opinaréis de este encuentro, pero a mí me pareció un maravilloso puntazo, un oasis en la urbe que me rodeaba.

Me pareció que el entorno, teniendo en cuenta los usos que le estaban dando, tenía un potencial educativo muy importante.

Me flipó que hubiesen tenido la iniciativa de limpiar el terreno y plantar su huerta. Quizá la ciudad, “lo urbano” sea más limitado en este sentido.

Lo que es cierto, es que estos sucesos nos hablan alto y claro de que los entornos y los entornos más cercanos a la naturaleza en concreto, tienen un gran potencial para la juventud y por último, de que los y las jóvenes tienen mucho positivo que decir en esta sociedad e incluso pueden ser un ejemplo para el mundo adulto.

¿Cómo lo veis? ¿puede ser la urbe tan educativa como el campo? ¿de qué manera?