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Educador Social: Indicador de Riesgo

Educador Social: Indicador de RiesgoEn una de las visitas que frecuento a realizar al Equipo de Intervención Socioeducativa (EISE en adelante) donde trabaja mi amigo Alberto, tuve la grata sorpresa de toparme con una excompañera en el Hogar. Reímos y recordamos, mientras llegaba Alberto de una reunión de coordinación con el Instituto.

En una de estas, la educadora recuerda como trabajó el caso de un menor, que hasta hace bien poco, era uno de los nuestros (¿recuerdan a Johnie?):

- Se veía claro desde el inicio. Tenía todos los indicadores de riesgo, habituales en este tipo de casos: este de aquí, el de más allá y aquel otro.

Tres meses más tarde, aquella conversación ha reflotado en mi memoria. Los personajes cambian, pero la duda permanece. La cuestión es que, en una noche agradable de reencuentros amistosos, educadores de por medio, (¡qué coñazo, no!?), iniciamos la conversación con una familia que compartía bar con nosotros/as. En esa media hora de conversación, pudimos atisbar que era una familia estable, estructurada, con dos hijos de 13 y 7 años, afincados en España desde hace 8.

El hijo mayor, estudiante de 2º ESO, compartía guaro (chupito de Aguardiente colombiano) con todos los allí presentes, padre incluido. Su comportamiento era correcto, al igual que su educación. A las 12 de la noche, nos despedimos amablemente, con ganas de volvernos a encontrar en una nueva ocasión.

A bote pronto, y sin querer tomar parte ni hacer un juicio de valor que no corresponde, los educadores que allí estuvimos, podríamos afirmar a pies juntillas, que es una familia normal, alejados de los estereotipados “indicadores de riesgo”. Pero hoy en día, no me creo ni lo que yo digo. Un día ves una cosa, y al día siguiente la contraria. Y os aseguro que, por una vez, no es culpa del cambio climático.

Días más tarde, me encontré con el muchacho de 13 años, saliendo de los Servicios Sociales. El educador familiar de la ciudad, le acompañaba. ¿De que hablarían? ¿Trabajará el EISE con la familia en cuestión? ¿Cuáles serán esta vez, los indicadores de riesgo del joven: su preadolescencia, su origen colombiano, el consumo ocasional y familiar/cultural de guaro?

“El objetivo de un aprendiz, debe ser el de seguir aprendiendo”. Como aún sigo en ese largo proceso, con la ventaja de poder equivocarme, se me ocurre que, en algunas ocasiones, con casos en los que trabajamos (familias y adolescentes), vemos más allá de lo que realmente quizás sea, y nos apresuramos a abrir expediente o hacer un seguimiento. A fin de año, en algunas memorias, quedará enmarcado en letras de oro, el número de casos y coordinaciones que hayamos tenido. Luce mucho. Con ello, no le quiero restar valor a una Memoria, valiosa y significativa a todas luces, en nuestra profesión.

Hablando de indicadores, ¿sería un indicador de trabajo bien hecho la cuantificación de casos y coordinaciones? Rotundamente NO. Casos, coordinaciones, más reuniones, apertura de expedientes y más casos. Trabajo, trabajo y trabajo. ¿Pero casos bien llevados o mal llevados? Porque si trabajamos mucho y mal. Yo me río, río, río.

Ilustración: WUFUS

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