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Sr. Roca: Un Éxito de Todos/as

Sr. Roca: un éxito de todosMe he conjurado, en estos procesionales días de Semana Santa, para redactar una de las entradas más positivas y felices del transcurrir socioeducativo de este quien les habla (en este caso escribe)

Después de la reunión de equipo del pasado miércoles, me acerque hasta la habitación del Sr. Roca (noble distinción, pero merecida, a pesar de sus tres añitos) para despedirme. Era un hasta luego, lleno de orgullo y satisfacción, que diría el Borbón. Me vio entrar en el cuarto, mientras mi compañera le vestía subido en la cama. Dio dos pasos sobre la colcha y nos abrazamos. Con fuerza y sonrientes. Le despedí como sólo a él le gusta: alzándolo hasta el cielo con los brazos abiertos, y cayendo de nuevo como un trapecista sin red.

Ha estado, crecido, reído y llorado entre nosotros 8 meses, pero ha dado la sensación de que nos ha regalado años. Nos ha regalado años de paciencia, consejos, trabajo, atenciones, rabietas infantiles, disgustos en forma de arrebatos violentos y por encima de todas las cosas: Felicidad.

Iniciamos este camino juntos, con un biberón en una mano y arañando sus pertenencias con la otra. Sale por la puerta grande y se lleva el corazón de todos/as los que hemos convivido con él. Es un día de enhorabuena para la profesión. La constatación final de un trabajo muy bien hecho. El sueño cumplido de que en una familia estable y estructurada, tiene mayores y mejores posibilidades de continuar su camino.

Hoy escribo con cierta melancolía, pero con una inmensa felicidad interior. Por dentro, se desprende un llanto alegre (malegría que decía Manu Chao), por la marcha del señor Roca. Un amiguito que entró como Primate Aurelio y hoy sale como un Lord inglés.

Hubo un tiempo en que no todos/as creyeron en él y sus posibilidades o potencialidades. Los profesionales del Hogar, jamás bajamos los brazos y junto con alguna profesora significativa, perseguimos una meta: Ayudarle a ser un niño sociable, feliz, educado, autónomo, solidario y reflexivo. El mismo, con tiempo, se ocupó de silenciar y convencer a esas voces discordantes.

Ahora piensa mas rápido que nadie de su edad, camina a pasos agigantados en su autonomía personal hasta el punto de superarse a diario y no avisar. Feliz, risueño y sonriente las 24 horas del día (porqué la jornada no tiene más horas), cariñoso, besucón y abrazador oficial de la villa. En menos de lo que canta un gallo, él también empezará a cantar.

Gracias a él mismo y a la confianza de los que siempre creímos en él.

Ilustración: Wufus