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Intervención Televisivo-Educativa

¿Visteis alguno de vosotros o vosotras el estreno la semana pasada de Hermano Mayor en Cuatro? Para los que la respuesta a esta pregunta sea negativa, además de incluiros el vídeo de presentación del mismo aquí arriba, os resumo que se trata de un nuevo programa, muy en la línea panfletaria-guay de la mencionada cadena, que está protagonizado por Pedro García, un ex-jugador de la selección española de waterpolo que, después de haber alcanzado la gloria en esta disciplina, descendió al infierno de las drogas, del cual, afortunadamente para él, ha logrado salir.

En Hermano Mayor Pedro García ejerce de eso mismo, osea, de hermano mayor, consejero, acompañante de chavales o chavalas problemáticos, en conflicto con sus progenitores o con sus iguales. Al menos, el viernes pasado el Hermano Mayor estuvo con una chavala de este perfil.

Aunque no lo vi entero, la labor que hizo el tal Pedro García me recordó, muy mucho, a la que habitualmente vengo desarrollando yo en mi puesto de trabajo como Educador; acompañaba a la chavalita a diferentes sitios, la motivaba, le echaba la bronca, la arropaba afectuosamente, la provocaba, hablaba con su madre, le ofrecía recursos, etcétera, etcétera.

Llegados a este punto, me pregunto yo si es lícito que se saque en la televisión a este tipo de menores, exponiendo sus problemas, sus neuras o sus cosas positivas, justificando dicha presencia mediática en que se les hace un bien, en que se les está ayudando y, además, se está ofreciendo un modelo de cómo hacer las cosas bien a padres y madres que se puedan a hallar en una situación parecida.

Además, por lo menos en Supernanny (otro espacio del mismo pelaje del que nunca hemos hablado por estos lares), la historia siempre acaba bien, lo que puede llevar a esos espectadores ávidos de la sabiduría de una psicóloga televisiva o de la destreza educativa de un ex-jugador de waterpolo, a frustrarse si, al final, tras la aplicación de lo visionado a través de la pequeña pantalla, sus cachorros siguen igual de revoltosos.

Por último, como profesional, no me acabo de creer en absoluto este tipo de espacios, esta especie de intervenciones televisivo-educativas porque no me creo que un adolescente pueda funcionar con total normalidad cuando una cámara le está siguiendo continuamente. Bueno, será que, como en Gran Hermano, los concursantes se acostumbran a estos aparatos.

No sé, quizá vosotros y vosotras me podáis rebatir con algunos argumentos que termine aceptando al respecto. Tampoco es que me quiera posicionar totalmente en contra de estos programas; de hecho, creo que me resultarían más creíbles y más éticos si se utilizasen actores o actrices para ejemplificar este tipo de situaciones que plasman y contasen con la opinión de más expertos, si se abriera a diferentes perfiles profesionales…

Pero claro, esto sería aburrido, no generaría el morbo de ver lo que le pasa a la familia de al lado y, en definitiva, ésto ya no vendería como lo hacen el Hermano Mayor y la Super Nanny.