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El EDUSO que Espera y No Desespera

El EDUSO que espera y no desesperaDecía un viejo proverbio que el tiempo no existía, si no que era un invento suizo para vender relojes. Yo no lo creo. Y mi amigo Fofi, tampoco. El tiempo, tanto en su acto de detención como en su fluidez, guarda muchos de los secretos y éxitos en nuestra profesión.

Las prisas las inventamos los humanos, casi siempre para mal. Ya saben aquello de que sólo beneficia a los ladrones y a los malos toreros. Donde el resto de profesionales vemos más luces que sombras y estrecheces en el camino, Fofi juega con las manos y templa la voz, para asomarnos al final del túnel y ver toda una autopista de posibilidades. Educador vital, activo, inconformista y reflexivo. Puede ver varias posturas o defender diferentes postulados a la vez, si estos redundan en el beneficio de las personas con las que trabaja (familias y menores). Siempre le atizo, que es un todoterreno: Antes de rendirse él, lo hace el usuario.

Hubo un día en que ambos, tuvimos la oportunidad de trabajar con Oscar. Cada uno desde su ámbito, y Oscar en el de todos. Fofi le acompañaba por la mañana al centro escolar o compartía tarde de charla empática. Durante el resto del tiempo, Oscar jugaba otra vida. La convivencia con él se hacía tensa en el hogar, y la relación con la autoridad o las responsabilidades se le hacía muy cuesta arriba.

El límite para Oscar, era ilimitado. Ni siquiera entraba en el respeto a lo relacional. Prohibido prohibir. Robos, delitos con intimidación, agresiones… y un largo listado de faltas y delitos. Varios centros de acogida y decenas de educadores por el camino.

Pero Fofi era distinto para él. Un día se cruzaron por la calle, se pararon, se dieron un apretón de manos y este le preguntó por su vida. Oscar era padre desde hacía unos meses, tenía un trabajo para ir tirando hacía adelante y con su pareja había logrado cierta estabilidad personal y emocional. Justo esos días, andaba preocupado porque la justicia le reclamaba y era posible que entrase a la cárcel. Justo cuando mejor estaba en su vida post-juvenil. No le defiendo, pero le entiendo. Ahora le toca a él entender y asumir la realidad que quiso vivir alejado del resto del mundo. Mientras le cuento a Fofi el último episodio desagradable que yo lograba a recordar entre Oscar y un educador amigo, cuchillo de por medio, veo que Fofi se encoge y, ofuscado, reflexiona sobre las inconveniencias e injusticias puntuales que se cometen desde otros ámbitos. A Oscar, le tocaba, pero no ahora.

Mientras desenredo esta entrada de hoy, me hallo en el hall de un colegio cualquiera, esperando a una profesora (persona) excelente. Encima de mí, reza un cartel: “Educamos hoy mirando al mañana”. Como ven, todo vuelve a su origen: El tiempo en la educación, como en la vida, es esencial.

PD: Sirva este articulo, como homenaje a otro profesor con el que tuve la suerte de poder trabajar y coordinarme, y que en estas próximas fechas se jubila (júbilo = felicidad, alegría). Cede el testigo educativo después de 30 años, día arriba, día abajo. ¡¡¡Ángel, suerte y que disfrute!!!