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¿Quién se lee los Informes?

Informe=ladrilloHablando con unos compañeros en compañía de humeantes cafés, estando como estamos en el final del curso escolar, salió el tema de los informes que teníamos que redactar para cada centro, de las horas que metíamos en su elaboración, redacción y recogida de datos, además de la maquetación, impresión y relecturas…

A final de curso, como es tradición, uno recapitula y escribe su trabajo, lo cuenta, armado de datos, números, y relatos resumidos de las distintas intervenciones. A veces, cuesta acordarse de ciertos pasajes, que pierden ciertos matices por el implacable paso del tiempo. Pero en su conjunto, logramos generar un reflejo bastante fidedigno de nuestra labor.

Tras el esfuerzo que nos supone, logramos sacarlo del horno y sostener humeante el informe para el centro X, con el que tenemos una cita al día siguiente para evaluar la tarea realizada durante todo el curso.

Llega el día, y tenemos que esperar diez minutos largos. La orientadora nos recibe con cara de agobio, empezando la conversación con suspiros, remarcando que no da abasto.
Nos sentamos, abrimos el informe y empezamos a comentar la historia, dando pequeñas pinceladas, que nos den una idea global e incidiendo en algunos aspectos más destacables a modo de conclusiones.

Durante la exposición, tenemos la sensación de que hace como que nos escucha, asintiendo constantemente mientras, en su cabeza, se mueven incesantemente preocupaciones prioritarias para ella.

Hay que decir que están muy contentos con mí intervención, que todo les parece muy bien, pero no sabes por qué, te vas con la sensación de que para ella, la reunión ha sido un trámite de obligado cumplimiento, y que el informe en el que has invertido tu tiempo, quedará anclado en la balda en la que ha sido apoyada, salvando ese rectángulo de madera de amontonar polvo y ácaros.

Quizá sea una sensación mía, pero tengo la impresión de que la redacción y el trabajo que realizamos en informes y memorias, no se corresponde con las necesidades reales. Es más, tendemos a adornar con datos, objetivos, contextos, justificaciones, introducciones… que lejos de animar a abrir el texto a nuestro potencial lector, le producen una sensación de pereza incontrolable, que relegan a nuestro “manuscrito” al inevitable ostracismo.

Esta situación, me ha hecho recordar a una profesora de la Uni, que decían que puntuaba los trabajos por peso. La cuestión es… ¿Se los leería?

PD: El otro día alguien me contó que un amigo de una amiga conoce un profesional que se lee todas las memorias e informes que pasan por sus manos. (No está confirmado que la fuente sea fidedigna, pero estoy a la espera de leer el informe de 341 hojas que me han presentado a tal efecto…)