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Mertxe según Tote

Me acuerdo mucho de ti, a veces sin darme cuenta, te veo en los lugares en los que estuviste en otro momento y que hasta tu marcha no tenían especial significado para mí.

Ayer mismo, pase por el cruce de Benancios de Algorta e inconscientemente me acordé de cuando aparcaste el Golf de Rober en doble fila.

Este es un ejemplo tonto, pero si pienso un poco, se amontonan las imágenes en mi recuerdo. Sin duda son muchas, quizá más de las que hubiera pensado.

Sin duda, me sentía muy a gusto estando, trabajando, a tu lado. Incluso cuando me costaba creer en lo que hacía, creer en mí, tu estabas ahí para sacar a la luz mis capacidades. Eso, no hay muchas personas capaces de hacerlo y dice mucho de ti.

El deambular de la vida es extraño, va pasando sin que tengamos tiempo de valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos. Pero en cualquier caso, lo vivido ahí está, y cada una de esas imágenes grabadas en mi memoria, cada momento que vivimos en el Gaztegune, en la cafetería de Lehendakari Agirre en la que te pedías el café con leche sin crema, han quedado grabadas en esos lugares, grabados sobre el tiempo.

Quizá, como de costumbre, se me va un poco la cabeza. Soy así, y me cuesta decir sin metáforas que siempre tendrás un huequito en mi cabeza y serás parte de la fuerza que me impulsa, mi gasolina y mi sonrisa.

Porque cuando una persona nos marca en cierta medida, pasamos a ser ella misma y en ese sentido, Mertxe sigue “guerreando” dentro de nosotros y nosotras, pinchándonos para que sigamos adelante y para que no nos conformemos.

En fin, déjenme decir que “ Yo también soy Mertxe”…