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Boda de un educador social

Raul y Ana

Si amigos/as, los educadores sociales también creemos en las uniones matrimoniales. No tenemos inconveniente moral ni ético alguno que nos impida, al menos una vez en la vida (quien sabe si más) arrejuntarnos en tal acto sacro o civil, para dar rienda suelta al insano instinto humano de relacionarse.

Lucce y su entrañable Cameron, se han lanzado a la aventura matrimonial. Han empezado con tan buen pie, que han osado a contradecir al mismísimo Woody Allen: “Algunos matrimonios acaban bien; otros duran toda la vida “. Según nos contaron el pasado Sábado, antes de los brindis, lo suyo empieza muy bien y esperan que dure toda la vida.

También nos acompañó con sus desternillantes reflexiones, nuestro amigo Txomin de Arnedo, que de Txomin tiene bien poco pero de Arnedo bastante. Cada año que pasa (9 para ser exactos, desde la última vez que nos olimos) se parece más a Groucho Marx: “El matrimonio es la principal causa de divorcio” les dijo a los contrayentes, antes de reclamar 350 gramos de lidocaína a las enfermeras allí presentes. Este Educador Social metido a Publicista siempre dudaba entre la ignorancia y la indiferencia, y finalmente optó por no quedarse con ninguna de las dos: “Ni lo sé, ni me importa “- nos replicó.

El BEC se quedó pequeño esa maralluviosa tarde-noche de Julio. Azagra, Extremadura, Barakaldo, Pradejón y un sinfín de nacionalidades, nos dimos cita en la 7º planta del edificio, para dar buena cuenta del ágape que nos esperaba. Y la compañía ??? Qué maravilla de gente, de señoras, de caballeros, de niños/as, de amigos/as: Jorge, Moni, Raúl, Jon, Amaia, Txetxu, Ana, Mery…. Y la música ??? OH-oh-oh-oh. Oh-oh-oh-oh. (Coldplay “Viva la vida”).

PD: Tote lucía traje negro zaino, ajustado a una buena percha. La corbata roja que le rodeaba, se descolgaba del cuello de manera informal y rebelde, según avanzaba la noche. La ceñida camisa rallada, reflejaba en él, un joven alegre, jovial, ilusionado de que un hermano suyo pasase por el altar. Su baile endemoniado, solo lo podían seguir sus pies y nuestras atónitas y envidiosas miradas. Lo demás, lo hizo la música y la compañía. (Luis del Val dixit).