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Tanto de lo que Hablar y Tanta Pereza

Tanto de lo que Hablar y Tanta PerezaTanto de lo que hablar y tanta pereza

Podría empezar agradeciendo al hermano Asier (y a todos y todas los que comentastéis) el homenaje que en forma de post hizo de mi boda.

Podría retomar la polémica sobre la Ley del Menor (aunque ya dejé mi opinión al respecto en forma de link), ya olvidada teniendo en cuenta que hace unas semanas en las que, afortunadamente, no ha pasado nada negativo protagonizado por ningún chaval y, por ende, ningún medio saca absolutamente nada sobre el tema.

Podría hablar sobre mi viaje, mi honeymoon a Birmania, aplicando un tamiz social al mismo, y comentar esa extraña sensación, supongo que absolutamente etnocentrista, que suele a ocurrirnos a la gente cada vez que visitamos países alejados a nuestras costumbres, ritos y ritmos occidentales, y que se suelen concretar con pasajes tan manidos como “no, si se les ve felices“.

Tomando como excusa mi viaje, también podría rellenar la categoría ¡Denúncialo!, y clamar contra la injusticia que ha supuesto, en el día de hoy, la ampliación de la pena a la líder de la oposición birmana, Aung Suu Kyi, simplemente porque a la junta militar que rige ese país le ha dado la gana.

Podría gritar también contra los asesinos de ETA (nada de grupo independentista, como dicen algunos medios internacionales) y el veranito que nos están dando.

Comentar y debatir incluso, acerca de lo mucho o poco ético que es la irrupción en la red de un videojuego en el que el jugador es un mendigo que tiene que salir de su estado de marginalidad para hacerse rico o algo así.

Podría volver a ponerme en plan ñoño, rememorar los muchos, grandiosos y emocionantes momentos que vivimos el pasado 4 de julio Ana y el abajo firmante, e hipotetizar sobre las futuribles ocasiones en que nuestros familiares y amistades empezarán a preguntarnos sobre para cuándo llegarán los retoños y, a partir de ahí, realizar una disertación sobre las capacidades que se han de tener para asumir un papel tan vital e importante como el de padre.

Como ven, mucho de lo que hablar y mucha pereza. Y como ven, poco de ello relacionado con la Educación Social. O, bien mirado, quizá más relacionado de lo que parece.

En fin, por no liarme más la manta a la cabeza y no matarles a ustedes del aburrimiento, me despido hasta la próxima. Me voy a tumbar en mi sofá y voy a seguir disfrutando de una lectura que siempre han recomendado muchos (entre ellos Quique) por ahí: Ébano, del fallecido reportero polaco Ryschard Kapucinsky. Es, sencillamente, grandioso y me aportará (e indirectamente creo que aportará al blog) más que estar una horita o más delante de la pantalla.

Sean bienvenidos de nuevo y hasta la próxima!!!