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Educador en Colombia

Educador en ColombiaYa hace tiempo que aterricé de mi periplo por Colombia. Pero hace poco que mi cabeza aterrizó en el aeropuerto de la monotonía o quizá debiera decir, del día a día.

El viaje fue chévere, no menos que se casaba uno de mis mejores amigos. Desde luego, visitamos parajes de magia indescriptible como el Parque Natural de Tayrona, Cabo de la Vela o Los Llanos y estando, como estuvimos junto a una tropa de unos 50 invitados de la boda, no nos faltó vida social, conformando una pequeña comunidad unida por tal evento.

En este sentido, sólo hay un pequeño pero, y es la falta de interacción con los lugareños, la falta de vivir el país, de pisar la realidad junto a…

Es normal en este tipo de viajes en los que nos afanamos por ver cuantas más cosas se puedan por el hecho de aprovechar el tiempo, que no tengamos tiempo. De hecho, para eso harían falta más de dos semanas, que me corrija Asier si no estoy en lo cierto.

De todas formas, la amabilidad de la gente brilla con luz propia, y en lo referente a la interacción, se nota cierto miedo por que se de una mala imagen del país, tachado de inseguro. A tal efecto, incluso se prestan servicios de escolta a grupos de turistas por parte del gobierno. Nosotros mismos, en una excursión por el centro de Bogotá, tuvimos a nuestra disposición tres militares voluntarios, que nos escoltaron por la ciudad, parando incluso el tráfico a nuestro paso.

Desde luego, no me he sentido inseguro en ningún momento, pero creo que esta “seguridad” ha ido en detrimento de recibir una experiencia más cercana a la gente.

No me entiendan mal, ni crean que el viaje no me gustó; me apasionó, sólo digo que quizá no debamos olvidar ese tipo de viajes que saliéndose de los raíles prefijados, busca conocer un país por su gente. Al fin y al cabo, además del continente, las calles, los edificios, las montañas, los bosques, los desiertos… no menos importantes somos las personas que los poblamos. Cada uno, somos a nuestra modo una pieza de ese puzzle que conforma un país, que le da cierto carácter. Por eso es importante conocer a un pueblo a través de su gente.

En un mundo globalizado, creo que es importante enseñar a las nuevas generaciones a no sólo consumir viajes prefijados, cerrados, cruceros, resorts… es importante invitarles a conocer no sólo el país x, sino la gente de dicho país, ya que la idea no es sentirnos seguros, ver que todo se homogeiniza, irnos a un bar español en Miami, a una tienda de Zara en Santo Domingo, a un centro comercial en Bogotá… La idea es arriesgarnos a sentirnos diferentes, a entender esas diferencias y aprender de ellas.

De este modo, podremos tener una visión más global, rica y real del mundo que nos rodea por doquier.

A veces, yo mismo necesito un viaje de todo organizado, relax, playa y sol, pero espero no olvidar esos viajes en los que recuerdas una conversación de diez minutos con un lugareño mientras esgrimes una sonrisa.

Os invito a compartir algún pequeño momento “mágico” de vuestros viajes…