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No Seamos Como La Esteban

No Seamos Como La EstebanVenga, no vayamos de Educadores Pata Negra y hablemos de lo que todo el mundo habla, esto es, de la Esteban y la movida que se ha formado en relación a su hija y el juez de menores y todo el rollo que se ha creado (han creado) alrededor.

Venga, pues yo me mojo y digo que me cae muy mal la Esteban, porque básicamente me parece una persona bastante soez, maleducada y demagoga, de la que se están aprovechando unos tipos sin escrúpulos para explotar, precisamente, esos defectos, vendiéndolos como postulados populistas.

Y además, creo que, efectivamente, el hecho de que esta mujer exponga muchas veces algunos episodios de la vida de su hija a miles de telespectadores para atacar, supuestamente, a su ex-marido (quien tampoco es, precisamente santo, de mi devoción, quien, a su vez, ha expuesto también en otras ocasiones a su familia ante los medios del corazón) es, como mínimo, susceptible de ser investigado por el daño que este comportamiento pueda estar suponiendo en esta menor. Otro tema ya es el hecho de que se haya filtrado el inicio de este proceso a los medios de comunicación, el cual, evidentemente, tampoco me parece bien.

Partiendo de esta polémica y volviendo a temas más habituales de este espacio, la reflexión que me surge gira en torno a la necesidad que tenemos los y las Educadoras Sociales de hacer referencia en nuestros informes a aspectos de la vida de las personas con las que trabajamos que poco o nada aportan a la intervención que vamos a hacer con ellas.

Es decir, hay veces que actuamos como la Esteban; ésta expone públicamente y sin miramientos parte de la vida de su hija para atacar al padre de la niña, y nosotros exponemos en un informe informaciones, valga la redundancia, casi casi para aumentar el tamaño del mismo.

Evidentemente tomen el paralelismo con el personaje televisivo como una especie de broma. No obstante me explico en lo que nos hace referencia: a ver, por propia experiencia, he visto y, confieso, he realizado informes dirigidos, prácticamente siempre, a las Trabajadoras Sociales en los que aparecía información de aspectos económicos, biográficos o laborales que en poco o en nada afectaban al planteamiento socioeducativo a llevar a cabo con esa familia o esos adolescentes.

Entiendo que hace años, cuando nuestra profesión estaba como quien dice totalmente ligada a unos determinados sectores poblacionales (los más bajos socialmente hablando) era importante analizar en qué medida la situación sociolaboral o económica o sanitaria o de vivienda afectaba al estado de unos menores.

Aún así, con la perspectiva que dan los años, ni siquiera entonces era necesario apuntar nada en relación, por ejemplo, a la casa de las personas con las que trabajamos cuando en una visita se comprueba que el estado de la misma no impide en nada el desarrollo de nuestro trabajo ni afecta a la seguridad de los menores. Por tanto, ¿por qué hacer referencia a ello en nuestro informe?

Más ejemplos. ¿Por qué hemos de preguntar hoy en día a una madre o a un padre por sus ingresos económicos si cuando la causa por la que estamos con ellos es porque su hijo está faltando reiteradamente a clase? Es como si, y permítanme de nuevo los paralelismos, el cardiólogo al que acudo en relación a una consulta sobre mi corazón, me pregunta por el número de caries que tengo.

En fin, que creo que me estoy liando un poquito. Espero haber explicado más o menos lo que trato de decir en este post. Que no son necesarias determinadas informaciones para nuestro trabajo por lo que sobran determinadas preguntas, por lo que, a menudo, sobran hojas en nuestros informes.

Y sí, lo sé. Demasiado rebuscada la relación de la Esteban con el objeto final de esta entrada. Pero oigan, a lo mejor esto nos trae muchas visitas y de esta forma podemos reflexionar mucha gente en torno a este tema. El de la Esteban digo.

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