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Con las Manos Vacías

Con las manos vacías

Ya sé que en esta entrada quizá peque de materialista, pero no creo que sea el único que tenga esta sensación a veces.

Me refiero, obviamente, a los regalos que las usuarias y usuarios nos dan como agradecimiento por nuestra labor.

No sé cómo será en vuestros casos, pero en el mío, no hay prácticamente ninguno. Y claro está, se te salen los ojos de las órbitas cuando compañeras tuyas, como las trabajadoras sociales, reciben de vez en cuando jugosas ofrendas.

Que no diré sobre otras profesiones como son los médicos, que reciben todo tipo de viandas, obsequios y agasajos. Yo lo sé muy bien, ya que mi hermana es médica.

Ya sé que hay cosas mucho más importantes, como el sentimiento de hacer las cosas bien, la realización profesional… Pero, señoras y señores, ¿a quién amarga un dulce?

Este tema es igual que el de las cestas de navidad, que muchas veces se menosprecian y critican, pero que en mi caso, los años que he tenido la suerte de recibirlas, me ha hecho mucha ilusión.

Quizá sea porque nuestra labor no es valorada aún en su medida, quizá es por el tipo de usuarios y usuarias, quizá es porque nuestra labor no toca ni la salud, ni el bolsillo.

Sea como fuere, me siento como el niño que se para frente al escaparate de una pastelería sin poder disfrutar de esos dulces placeres.

No creo que sea el único, pero si habéis tenido la suerte de recibir regalos, aquí tenéis el espacio para darme/darnos envidia y compartirlos.

Mientras tanto, yo sigo con la idea de que “Un regalo al año no hace daño”.