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Cuéntame

CuéntameLa vuelta al cole socioeducativo* conlleva el reencuentro con compañeros/as y profesionales, a los que debes en parte el quehacer diario y coordinaciones de caso. Al unísono que uno se va poniendo al día de las cosas, recibo por el rabillo del oído izquierdo la llamada de una trabajadora social más descolocada y recién llegada. Parece ansiosa por saber, que le cuenten, porque en determinados casos o situaciones familiares, un verano puede llegar a ser mas largo que los episodios nacionales de Pérez Galdos.

Sus preguntas y afán sociológico, me parecen razonables porque así lo requiere su trabajo, donde uno de los fines esenciales es procurar el bienestar de esos mismos miembros, donde los niños/as cobran vital importancia. Con el tiempo, he tomado la decisión (acertada en mi opinión, poco colaborativa para compañeros y/o profesionales) de ceñir el intercambio de información y realizar las coordinaciones oportunas, hacia el ámbito que nos refiere a ambos: el niño/a, el menor, el/la adolescente. Ni más, ni menos. He tenido discusiones por esta causa y temo que va a seguir habiendo muchos desencuentros profesionales por este motivo, pero voy a luchar por un criterio y una forma de trabajar, que ante todo no realice injerencias en las personas y se ciña exclusivamente al sujeto de la acción educativa y protectora.

La trabajadora social trabaja con la familia entera, pero no debe olvidar que nuestra prioridad absoluta es el niño/a. Con ello, no quiero decir que ni me importe ni ignore lo que pasa alrededor del menor. El objetivo dentro del funcionamiento interno de un Hogar de acogida se puede resumir en uno solo: Reagrupamiento familiar. Por tanto, cuanto mejor esté la familia, mejor estarán sus vástagos en el presente y futuro más inmediato.

Pero si alguien espera que le cuente (cosa que si conozco es por una declaración privada, personal y en muchas ocasiones intransferible) con quien se acuesta la madre de Marianito o cómo es que ha tenido una hermanita Jesusín y nadie nos hemos percatado, no va a encontrar interlocutor en mi persona. Compañeros/as cercanos lo hacen y se coordinan de esa manera. Respeto pero no comparto.

Esta misma semana, el hermano Lucce, estebanizando la situación, lo ha explicado y esclarecido de una manera enormemente acertada y cercana a las decenas de situaciones que se dan en nuestro trabajo, ante las coordinaciones profesionales o elaboración de informes, que ello conlleva.

La palabra escrita es muy difícil de borrar y más aún de confrontar. En nuestra profesión al trabajar con personas, hablamos de personas y escribimos sobre personas. Campo minado y enormemente peligroso. La palabra de los profesionales, por muy buenos y responsables que seamos, no tiene porque ser la verdad absoluta de las cosas. No nos pagan por escribir ni por hablar de las personas. Nos pagan por dialogar, razonar situaciones familiares, por dinamizar, asesorar, guiar, ayudar, conducir, aconsejar, colaborar y educar entre otras cosas. Un educador social perdido en Alaska, de nombre Quique, ya lo mencionó en alguna otra ocasión: “Los educadores trabajamos con personas y con familias. Podemos ayudar a muchas de ellas, pero también podemos llegar a hacerles mucho daño”.

Hasta aquí es donde les puedo contar.

*cole socioeducativo = Servicios sociales, equipo socioeducativo, comunidad terapéutica, hogar de acogida, centro de día, aula de refuerzo en un instituto de secundaria…