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De Mano en Mano

De Mano en Mano

“Yo os lo mando para ahí (Colegio de Educación Complementaria) y le matriculáis como sea; porque en el Hogar no podemos con él y ya no lo aguantamos mas“.

No, no creáis que es una cita célebre o una referencia educativa del más alto nivel. Este llanto amargo, fruto posiblemente de un bloqueo emocional o momento de impotencia personal, es el síntoma de la mayor de las incompetencias educativas de los últimos tiempos, dicho por un/a compañero/a cualquiera de un Hogar, recurso o proyecto socioeducativo cualquiera.

Las cosas y las personas hay que llamarlas por su nombre, aunque en algunas ocasiones éstas lleguen a poseer el título de innombrables. Hay personas inaguantables e insociables y algunos/as de nuestros adolescentes intocables no iban a ser menos. Las dificultades y las problemáticas convivenciales se pueden dar en multitud de lugares. Sólo se necesita de dos elementos, ambos casi indisociables: Que sean personas (en la concepción más amplia del término) y que convivan entre, para y con.

De la misma manera que repudiamos abiertamente en su día la actitud de aquella directora de centro que a toda costa hacía más por expulsar a un alumno, antes que ganárselo para la buena causa formativa, también transmito mi frustración y enorme decepción, ante lo que supone hacer público una insatisfacción personal o una dificultad profesional, priorizando el bienestar y comodidad personal de ese/a educador/a frente al trabajo dificultoso y pesado que seguramente requieran las lagunas psicopedagógicas de este adolescente problemático.

Algunos/as compañeros/as siempre defienden el hecho de que la verdad, por el mero hecho de ser verdad, es algo irrefutable, positivo y constructivo. Si a la persona que tienes enfrente, le dices que es inaguantable y no le soportas, me parece muy bien, porque le estás diciendo una verdad que seguramente sufras. Pero si al día siguiente, tienes de nuevo a esa persona enfrente, porque tu trabajo y su bienestar lo requieren, el discurso del día anterior pasa de ser una afirmación valorativa a una sentencia relacional donde la fractura y la dejación o el desinterés hacía el otro, es ya casi irrecuperable.

Si alguna vez oyen algo como: “Mira bonito/a, ahí te quedas con tu forma de ser. Eres inaguantable y pasamos de ti, porque no podemos contigo. Yo voy a seguir aquí porque es mi trabajo, pero tu estás de paso y con el tiempo, más pronto que tarde te acabarás yendo”. No se extrañen. Es la cara amarga de la Educación Social, síntoma de que no siempre todas las historias tienen un final feliz.

(Voz en off: Nos vamos a intentar deshacer de ti. Ahora que te aguanten otros/as. Como vayas así por la vida no vas a hacer otra cosa que ir de mano en mano, de recurso en recurso).

¿Y que hay de los éxitos, de los educadores laboriosos, de los prudentes y luchadores de las causas que nadie quiere? Búsquenlos también, porque los hay y muchos/as. Afortunadamente son los más, pero no esperen a que se lo digan, porque jamás lo harán. Se les reconoce por sus silencios y a través del tiempo, además de tener puestas sus miras a medios-largos plazos, pócima secreta de esta a veces ininteligible profesión.

Ilustración: Wufus