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Rostros Comunes

Rostros Comunes

Un varón de unos 40 años jugando un partido de baloncesto con varios adolescentes en una cancha humilde de un barrio obrero de una gran ciudad, es la viva imagen de un varón de 40 años jugando con varios adolescentes. Así de simple, ¿o quizás no?. ¿Algo más que no veamos en el cuadro retratado? Pues sí. El varón esta ejerciendo su actividad profesional de forma lúdica, y es reconocido de inmediato por cualquier compañero de profesión que se acercase allí por casualidad.

Es el rostro cercano y algunas veces habitual, de un/a Educador/a Social acompañando a un grupo de adolescentes o niños/as multirraciales, que de ninguna otra manera resaltarían como padre/madre e hijos/as. Para mucha parte de la sociedad urbanita ese cuadro suele pasar desapercibido, al no llamar enormemente la atención el hecho cotidiano de disfrutar de algunas de estas actividades. Por el contrario, si de una manera u otra estás familiarizado con el mundillo, no sería raro oír entre compañeros/as alguna frase del tipo de: “Ese grupito de chicos son de un hogar, o de un centro. Y los educadores son aquellos de más allá”, “tienen una cara de educadores que no se la borran ni con lejía”.

Muy a menudo realizo acompañamientos hasta el Colegio, con algunos de los muchachos del Hogar. En el trayecto de vuelta, me cruzo con educadores/as y gente de la Intervención Social, dado que me toca bajar por una calle repleta de servicios y locales de esta índole. Es un barrio de los llamados desfavorecidos y por ello se requiere de una mayor participación, atención o asesoramiento a las personas y grupos que en él habitan.

Mi mirada se cruza con la de una educadora que trabaja en el Área de Igualdad de la mujer. Nos reconocemos como compañeros, sin habernos conocido antes de nada. Nuestros rostros y miradas se hacen comunes por un instante. Mi memoria se retrae en el tiempo y me doy cuenta de que mi rostro (nuestros rostros) están cambiando y mucho. Por momentos, me doy cuenta de que mi gesto se va avinagrando con el tiempo, mi hiperactividad enfriando y mis palabras se hacen más duras y antiempáticas por momentos.

Lo peor es que no atisbo a descifrar lo que me puede estar sucediendo. Autoanálisis introspectivo y no hay manera. Me van de maravilla las cosas en los diferentes planos de mi vida: familia, pareja, amistades… Creo que el paso del tiempo y alguna incomprensión o incompatibilidad profesional, puede estar haciendo más mella de la que uno mismo espera. No me olvido del burn out, que siempre puede aparecer como un fantasma del pasado, pero me niego a reconocerlo. Conmigo no podrá.

PD: A la compañera antes mencionada, también me ha parecido verla en el mismo estado de ánimo que a mí.