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De Educando a Educador y Viceversa

De Educando a Educador y Viceversa

A los pocos años de ejercer la profesión de Educador Social, me di cuenta de una de las máximas extendidas en nuestro ámbito, dada por buena en primera persona desde entonces: “Un magnífico objetivo final y deseado es que la persona en riesgo de exclusión social con la que trabajamos en nuestro proyecto X, acabe formando parte íntegra y autónoma de la realidad social, que, porqué no, y valorando su enorme experiencia personal ejerza desde entonces profesionalmente la tarea de educador con el objeto de ayudar a todos/as aquellos/as que se encontrasen a partir de entonces en su misma situación anterior o similar”.

Conozco algunos casos de esfuerzo y reconocimiento encomiable, que además de demostrar la validez de dicha teoría, nos recuerda a todos/as una vez más que los caminos se hacen al echarse uno/a al andar, saltando cuantos obstáculos y prejuicios se nos puedan poner por delante: Personas con discapacidad física que después de demostrar su gran valía personal y profesional en una empresa de inserción socio-laboral acabaron ejerciendo labores de jefe o responsable de taller. Jóvenes con dificultades familiares que pasaron media vida en residencias institucionales y hoy son brillantes educadores de hogar o compañeros de carrera universitaria que venían de pasar problemas con las toxicomanías y en la actualidad son Educadores Sociales ejerciendo por temporadas como tales.

De estos últimos compañeros me gustaría hablar un poco más en esta vivencia que nos ocupa. Al poco tiempo de diplomarnos, me encuentro con uno de ellos en el bullicio de la ciudad mientras trabajaba en un proyecto de Sociedad Cooperativa de Iniciativa Social. Mucho curro físico a pie de calle, intentando contentar a las instituciones (quien pone la tela) y a sus jefes (¿Quien dijo que en las cooperativas no había organigrama o funcionalidades jerarquizadas?). Él tiraba del carro, porque además de encargadillo, pareciese como que les debía un favor a la sociedad por una segunda oportunidad. Cuando nos encontramos por segunda vez al cabo de un tiempo, me dijo que lo había dejado. No aguantaba la presión ni la cantidad de trabajo encomendado. Me alegre por él: se le veía más ligero habiéndose quitado una losa de encima y además demostró que a la gente no se la ata con dinero ni era necesaria compasión alguna. Tomo su decisión, mirando hacia adelante. Tiempo después el hermano Lucce volvió a coincidir con él y su salud no era la deseada, pero esa es otra historia.

Hace unos días, me topé en una actividad lúdica con otro de los compañeros universitarios Eduso. En esta ocasión, la tarea de educadores la ejercían otros profesionales y en mi compañero se atisbaba un regreso a las problemáticas de consumo del pasado.

Un camino de vuelta, de educador a educando, que esperemos dure lo menos posible. La persona y su profesión les necesitamos para seguir mirando hacia adelante, dado que ya han demostrado su valía en ocasiones anteriores.

Fotografía por: Imaginam