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Don Emilio Calatayud: el Educador que Legislaba

Don Emilio Calatayud portando un cartel de EducablogDon Emilio Calatayud, juez de menores de Granada es, entre muchas otras cosas, un individuo muy especial. Como señoría me merece, además de un grandísimo respeto, mayor admiración, aunque no comulgue con alguna de sus apreciaciones pedagógicas sueltas. No es reproche alguno, no vayan a pensar. Ante todo es juez (excelente), con el enorme mérito de entender su profesión desde un prisma social o comunitario, donde el fin último mayor de la Justicia es la “reparación y reinserción del infractor en la sociedad”. Como juez y ciudadano, no elude su responsabilidad de re-educar, como debiera ser obligación de padres, profesores, educadores, policías, monitores, deportistas, presentadores de televisión, médicos y políticos.

El pasado viernes 20 de Noviembre, tuvimos la ocasión de conocerle en persona (habrá que esperar al nacimiento de OS, para saber que dio de sí el encuentro) y verle en directo por primera vez. El marco era el precioso Hall del Pabellón Central del Colegio Gaztelueta de Leioa (Vizcaya)

Desde prácticamente el inicio de su conferencia, se entrevé que Don Emilio no defraudará a su público. Ni a afines ni a detractores. Se maneja muy suelto y enormemente cómodo en el formato: inicio de bombardeos irónicos contra diestro y siniestro: la familia, el estado del bienestar, la democracia, el sistema judicial, sociólogos, psicólogos, pedagogos, educadores. No se libra nadie ni nada. Sus ya célebres anécdotas y frases ejemplarizantes, le vienen solas e hilan una sobre otra cual recital memorizado. Ese tono andaluz suyo (25 años debajo de la Alhambra a sus espaldas), unido a un sentido del humor muy agudo y visceral, hacen de su relato una hora amena, divertida y satírica de la sociedad que hemos construido entre todos/as. Esa sociedad, que el tan bien define como “Post- Constitucional”, el reverso de aquella otra Preconstitucional, que nuestros padres y abuelos sufrieron, pero también vivieron en su aprendizaje.

Hemos evolucionado mucho en muy poco espacio de tiempo

Tenemos el complejo de joven democracia, donde no se habla de obligaciones: ni legales ni morales. Pero recordemos lo que nos dice el Código Civil: ¡¡¡¡ El menor debe…..El menor debe¡¡¡¡¡

Hemos pasado de la escuela Preconstitucional, donde el profesor era Don Jose, a la escuela actual donde al profesor se le llama Pepiño

Hemos pasado de ser esclavos de nuestros padres a ser esclavos de nuestros hijos

En la segunda parte de la conferencia, baja el ritmo trepidante al que nos ha llevado y pausa el discurso para poner firmeza entre tanta carcajada. Se aleja de la caricatura social y las excentricidades cotidianas, para adentrarnos en los juzgados y mostrarnos nuestra Justicia. Esa justicia que casi nadie conoce y casi todos criticamos. Esa justicia que solamente él, ha sabido explicarnos bajándola de un supuesto pedestal cósmico, atreviéndose a mostrarla a la sociedad y a los menores en particular. En su despacho o en los juzgados, mirándoles a la cara, les dice: “Esta es vuestra justicia. No penséis que no la tenéis. Con ella, recordad que van muchos derechos y también obligaciones, de lo que derivan por tanto las consecuencias de vuestros actos”.

La Ley del menor es una buena Ley. Se ha explicado mal y no interesa explicarla

¿Cómo es posible buscar la reinserción del que delinque, si no quieren que viva en sociedad?”.

¿Quién ha dicho que no es bueno o necesario los internamientos terapéuticos? Hay personas y usuarios que están locos. Quizás el error, lo tuvimos en la década de los 80/90 que cerramos todos los psiquiátricos y manicomios y venga todo el mundo afuera

El juez de menores debe ser siempre el menor de los jueces

Siempre hay que dejar abierta la puerta de la revisión y la reinserción”.

¡Pues claro que hay casos que son irrecuperables!, pero son los menos. Vienen a ocupar un 5% del total. De todo tiene que haber. Son casos, que sin uno ser psicólogo se ven que son carne de cañón”.

Llegado este momento, Don Emilio trasluce su vena más reinsertadora y educativa, sin dejar por ello de seguir impartiendo justicia. Es momento para su ya célebre decálogo, para acabar con su: “Y cuando su hijo sea ya un delincuente, proclamad que nunca pudisteis hacer nada por él”.

Juez reparador, juez famoso, juez reinsertador, juez educativo, juez de sentencias curiosas y ejemplares, juez blando reticente a los internamientos cerrados, juez menos punitivo o castigador, pero ante todo juez cercano y justo. Porque como él muy bien dice; “Somos todos/as iguales, pero unos/as más que otros/as”.

Agradecimientos al director del Colegio Gaztelueta. D. Iñaki Cires, por su colaboración y amabilidad.