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Prolog…

Prolog...Todo blanco… Norte, sur, este, oeste, arriba, abajo… Todo blanco, por más que frunciera el ceño mientras colocaba la mano sobre los ojos… Todo blanco, desde mis pisadas, hasta mi sombra, fundido blanco… Como si un fuerte viento lo hubiese borrado, arrasado todo… Incluso el tiempo.

Viento y tiempo, son dos palabras que tienen mucho en común. A simple vista, comparten sus tres vocales y además en el mismo orden.
Podría parecer, en principio, que esta coincidencia sólo responde al azar, pero si quitamos la piel de las palabras, vemos que desnudas, aún se asemejan más, como dos gemelas que comparten un antojo en el muslo.

Tiempo y viento, se funden en un baile. El tiempo sueña que es viento y que vuela sobre la tierra borrando huellas, rostros y momentos…
Ahora sopla casi de forma imperceptible, como un susurro que va arrastrando las células muertas con un hábil movimiento, cuál prestidigitador…

Ahora sopla fuerte, parece que quisiera borrarlo todo, desposeerlo de su materia, hacer rodar el mundo sobre si mismo, agitarlo, descolocarlo…quiere encontrarse a sí mimo al otro lado, pero se agita en una persecución que no termina… o quizá no termina hasta que agotado, se sume en una brisa de sueños, en los que se convierte en tiempo, tiempo que corre borrando nuestros pasos, nuestros saltos y nuestros tropiezos, implacable, sin marcha atrás, y sin esperar a nadie, como un trasporte de puntualidad suiza, al que no podemos llegar ni un segundo antes ni uno después.

El tiempo lo borra todo, el tiempo es una gota que cae incansable sobre el fregadero, el tiempo es esa mirada que tú sabes que estaba ahí mismo, pero que no puedes demostrarlo.

Así, el tiempo o quizás el viento había borrado todo de mi mundo, ya no sólo lo que me rodeaba era blanco, sino que dentro de mi cerebro, el blanco se iba haciendo paso. Los recuerdos iban perdiendo color, fundiéndose como el granizo al sol, las imágenes se fundían en una espesa y aceitosa masa blanca, incluso me costaba recordar mi nombre. Y eso iba siendo una señal grabe que empezaba a preocuparme. No en vano, el nombre es muy importante, es el reflejo en el espejo, sin él estamos perdidos, nos desposeen de nuestra identidad y pasamos a ser uno más en el desfile de clones.

Así me encontraba hasta esta mañana, bueno la verdad es que no tengo claro si era esta mañana, esta tarde o esta noche, ya que aquí el cielo siempre refleja el mismo aspecto “lacteo”. El caso es, que tú, no él que lee, sino quién está aporreando las teclas en este instante, me has rescatado del olvido, y me has llamado.

Como el eco que no sabemos desde donde sale rebotado y mucho menos, desde dónde se proyecta la voz que lo genera, he oído Alex, alex, lex, lex… y como una explosión que produce un efecto en cadena, todo a empezado a recuperar su color, forma, textura y tiempo… El viento que impulsa la imaginación de mi creador, me ha llevado a recordar quién soy y lo que me ha pasado hasta ahora en mis primeros pasos como educador.

Ya se sabe, que cuando damos paso a un nuevo año tendemos a hacer promesas y plantearnos nuevos retos y este es tu caso ¿no?

De cualquier modo, y aunque reconozco que estoy un poco molesto por haberme abandonado en este mundo vacuo, admito tus disculpas y pongo ilusiones renovadas en mis siguientes pasos, en mis siguientes vivencias, al fin y al cabo, el viento, el tiempo, también dan paso a nuevas oportunidades, a nuevas construcciones…

Miro hacía el horizonte blanco y me parece ver aquella calle por la que caminaba. Sigo avanzando y ya no hay blanco, hay gente, ruido, olores… a mi alrededor… y me fundo en el bullicio de la ciudad…
Mientras tanto, en algún lugar, una gota golpea con constante insistencia el fregadero…