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Buscando el Eje de la Intervención

Buscando el Eje de la IntervenciónDespués de leer un documento sobre la evaluación en nuestro trabajo, destaco una frase que se refiere a los indicadores:

“Hemos procurado expresamente no contemplar situaciones ideales en el polo óptimo. Si así fuera, estaríamos proyectando sobre las/los jóvenes y contextos una imagen ideal, más allá incluso de lo alcanzado por personas bien integradas socialmente.”

Tras leer con detenimiento este texto, me quedé pensativo, analizando mentalmente si yo mismo no he incurrido en este extremo alguna vez. No en vano y sobre todo cuando estamos recién salidos de la facultad, es más común que tendamos a lo ideal, a lo utópico y eso en sí no es malo, incluso es necesario. Pero se vuelve problemático si nuestros objetivos son utópicos, y mezclamos el horizonte con los pasos, es decir, nos proponemos imposibles, lejanos, sin plantearnos los pasos pequeños, intermedios, más ajustados a la realidad.
En este sentido, nuestra vitola de cambiar el mundo se puede convertir en una carga muy pesada que nos lleve a la frustración.

En una sociedad en la que impera la imagen, quedan muy bonitos sobre el papel objetivos rimbombantes, como que los jóvenes dejen de consumir totalmente, que no corran riesgos e incluso que de no querer hacer nada, pasen a cursar una carrera universitaria.

Aún habiéndolo llevado al extremo, es cierto que a veces tendemos a diseñar objetivos nada ajustados a la realidad, más procesual, más flexible, más dinámica. De hecho, normalmente funcionamos por encargos de las administraciones, que nos encorsetan, y limitan nuestro realismo no políticamente correcto.

Incluso, no resulta extraño que los proyectos, los programas, se fabriquen antes de conocer el contexto y por tanto se moldeen a posteriori al conocimiento de la realidad con la que se van a encontrar y, en el peor de los casos, se pretenderá adaptar la realidad al programa.

Muy cercano a este condicionante, encontramos la departamentalización de la realidad. Parece ser que nos cuesta tener una visión global y plantear un trabajo en red. Y tendemos a fragmentar la realidad, para sentirnos seguros y tener sensación de control, al quedarnos con un trocito del pastel.

La cuestión es que, si no hay un trabajo mínimo en red, el punto de partida es, en mi opinión, erróneo. Es decir que, si planteamos las áreas como el ocio, la sexualidad, las drogas… la persona queda en un segundo plano.
Creo que las personas son el eje, el centro, el destino de la acción, y en este sentido, debemos plantearnos el trabajo con personas como multifactorial, y multiárea. Pero desde y para las personas.

La visión sería trabajar, por ejemplo, con adolescentes y en ese trabajo responder a sus necesidades desde diferentes áreas y no a la inversa, es decir, trabajar por ejemplo la sexualidad y hacerlo por un lado con adolescentes, por otro con adultos y por otro con ancianas.

Esta idea me parece central y creo que pocas veces se toma como punto de partida. Siendo así, resulta complicado aterrizar nuestros objetivos a la realidad, ya que quizá haya demasiados condicionantes previos.

Es trabajo de todas y todos avanzar en esta dirección, pero exige un cambio de mentalidad, un cambio en el cómo, que, por otro lado, quizá no todo el mundo esté dispuesto a dar.

La realidad no tiene que adaptarse a nosotros, somos nosotras las que tenemos que adaptarnos, y para ello, quizá tengamos que empezar por el punto de partida de nuestras intervenciones, no parcheando al final de la cadena.

Pensar en personas con necesidades en distintas áreas y no en distintas áreas que trabajar con personas.

Entonces ¿cuál es el eje de nuestra intervención?