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Monólogos Sociales

Monólogos SocialesEntrevista con la tutora de León, uno de los muchachos más jóvenes del Hogar:
– Una pregunta, ¿León siente predilección especial por la Religión?
– Pues, que yo sepa no. En el país de donde procede existen multitud de religiones o creencias, pero nunca ha manifestado nada en el hogar. A no ser que aquí en el centro (religioso concertado) os cuente otra cosa…
– Te lo comento, porque hace unas semanas, mientras impartía clase de anatomía, en una de estas se cayó al suelo el maniquí que hace de ejemplo, con todos sus órganos vitales y León, de repente se levanta de un brinco del asiento y viene hacía mi para ayudarme a recolocar las partes del maniquí, cuando exclama: “¡¡¡No está!!! Está vacio. Se ha muerto”. Perpleja, le miro las pieza que sostenía, que no eran otras que el corazón despiezado y le devuelvo: “¿Qué se ha muerto, cariño?”. “Dios. Dios no está dentro, se ha muerto”.
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Helada mañana invernal de Marzo, de las que te rompen el calendario estacional, mientras pasas por delante de los árboles ya florecientes. Al llegar al trabajo, lo primero que ojeamos es un viejo cuaderno de anillas que orienta las principales acciones del día:

“Comprar locutorio a Micky”. Hostias!!! Dónde consigo yo ahora, con esta nevada, que no pasa ni dios por la calle (ni lugareños ni oriundos) uno de esos. ¿Qué querrá en verdad este tío? (Ese tío es mi compañero de trabajo, del día anterior). Coño, a ver si las cagó y compró tarjetas de llamadas al extranjero o nacionales y luego no nos valen. Cuando de repente, caigo….. ¡¡¡Claro, Micky lleva un tiempo algo molesto con los dientes y será algo de eso para su limpieza o enjuague bucal!!! Pues nada, voy a la Farmacia ahora mismo a por el locutorio.
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El hogar no tiene secretaría, ni bedel, pero contamos con la inestimable presencia y en ocasiones apoyo visual, de la portera del edificio donde residimos:

– Buenos días, Marian. Vamos para arriba.
– Buenos días Asier. ¿Otra vez tú, o qué? No paras chico. (Parar no paro, pero siendo justos llevaba 4 días de libranza sin ir al Hogar).
– Me toca un ratín, a ver si solucionamos el mundo.
– Oyes, ¿Dónde se os quedó al final encajado el calcetín del otro día?
– Justo debajo del tendero.
– Ahhhhh, ya sé. Ya sé qué ventana es entonces. El lunes, cuando abra la Oficina os le subo.
– (Mientras subo en el ascensor). Voz en off: ¿Qué le he dicho? Debajo del tendero? Anda que estoy bueno con el léxico. ¡¡¡Que culpa tendrá el carnicero o el frutero de estas cosas!!!
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Puedo presumir de tener unas compañeras de trabajo, excelentes como profesionales y mejores como personas. Una tarde calmada de fin de semana, recibo la llamada de una de ellas:

– Asi, soy yo Mini. ¿Os apuntáis al plan de ir a ver jugar a futbol a Hassin?
– ¿Dónde juega?
– En los campos de Bayona.
– ¿En Francia?
– ¡¡¡¡Nooooo!!!! Arriba, al lado de la Basílica de Begoña.
– Ah sí, en los campos de Mallona.
– Pues eso.
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Otro día, tomando café en su centro de trabajo, sale en la conversación como si nada, el apotema: S.E.X.O.

– Pues sí, Mini. Hay que dejarse de tanto flirteo y tanta calentoña e ir al grano. Los fines de semana son para desfogarse y dejarse llevar por la pasión…
– Si, si, si. Como en ese sitio que estuviste tú una vez de viaje. Si, en Canadá. ¿Cómo se llamaba? Ahhhh, ya me acuerdo: Las Cataratas del Viagra.
– Claro, por eso estaban tan perpendiculares. No había caído antes.

Muy ingeniosa Mini, muy ingeniosa.