El síndrome del trabajador persona

Trabajador cansainoDespués de casi año y medio sin vernos, por fin quedamos un fin de semana para reencontrarnos.
Yo les conocí en Donosti estudiando Pedagogía, pero no en la Uni, sino por amigos comunes, ya que ellos estudiaban Psico-pedagogía.

Os preguntaréis por qué os hablo de esto ahora y en este blog. Quizás sea, porque haya algo que estime como importante compartir, o simplemente sea porque me apetezca contarlo.
Permitirme entonces el no aclararlo y robaros así un poco de tiempo, hasta que lo averigüéis al final de estos párrafos.

Antes que profesional somos personas. Por la mañana tras dejar atrás el sonido atronador del despertador y los posos del café en la taza apilada en el fregadero, nos enfundamos la piel de currelas y pasamos a ser, Paula la psicóloga, Iñigo el animador o José el trabajador social…
Esta coletilla, en un principio, no pasa de ser un adosado, una etiqueta, algo secundario. Es como un sombrero raro que nos ponemos sólo algunos días.
En mi caso, así era en un principio, pero poco a poco, como un vaso que se llena gota a gota, sin darme cuenta, esa coletilla se fue haciendo muy importante y fue reclamando una posición central en mi vida. Hasta el punto, de que tengo la sensación de que a veces tiene prioridad ese adjetivo, ese cometido, a mi propia persona.

En verdad resulta curioso, que no nos demos cuenta, o que no seamos del todo conscientes de este hecho…
Por la mañana, tras dejar atrás el atronador sonido del despertador y los posos del café mezclados con la leche en la taza apilada dentro del lavavajillas, el Trabajador Social josé, la Psicóloga paula y el Animador iñigo se dirigen a su hábitat natural, a su hogar, a su lugar de trabajo.
Lo que antes era una coletilla, a base de pasos casi imperceptibles, ha pasado deslizándose por debajo de nosotros hasta tomar la delantera a nuestro nombre, dejándolo en un segundo puesto escrito con minúsculas.

El hecho es, que charlando con una gran amiga, conversando con un Amigo, me di cuenta de que había olvidado en parte quién es la persona que os escribe estas letras.
E igualmente, me di cuenta de lo peligroso que es ir olvidando a esa persona que está delante del profesional, que es quien bombea la sangre del profesional, que es el antes, el durante y el después, y no a la inversa.
Me di cuenta de que me estaba quedando un tanto descafeinado, de que empezaba a ser un retrato traslúcido de mi mismo, como la chaqueta de colores que lavado tras lavado va perdiendo su esplendor.

Sólo puedo dar las gracias a mis amigos por despertarme un poco, recordarme quién soy y darme el cariño que a veces yo mismo no se darme.

Este texto es un aviso para caminantes de nuestra profesión y si me permitís, de todas las profesiones. No olvidéis, no apartéis, no castiguéis en el rincón a la persona que sois, o correréis el riesgo de perderos esa maravillosa aventura de ser vosotros y vosotras mismas. Yo no conozco otro camino para ser un buen profesional.

Dedicado a mis amigos de Donosti.

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