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Psicosis

PsicosisUna de las premisas o característica más recurrente del trabajo en un Hogar de acogida, es la comunicación. Educadores-Menores, Menores-Menores, Educadores-Educadores. Mientras nos comunicamos, educamos y mientras educamos, convivimos. La cohabitación puede llegar a ser como esa canción que oyes muchas veces, y por ende acabas por adorarla o por el contrario, acabar hastiado por su obligada y repetida audición.

Con el paso de los años (que no han sido muchos) y el aprendizaje derivado del mismo, he llegado a una conclusión teórico-practica que de momento me ayuda a seguir estando cuerdo: “Ni héroe en los triunfos, ni demonio en los fracasos. La consideración de hoy, puede ser la desconsideración del mañana y viceversa“.

Mari José es una joven orgullosa y cabal, a partes iguales. Tan nerviosa y manipuladora, como reflexiva y frágil. Sus llantos esporádicos, intentan esconder sus egoísmos y altiveces previas. La apariencia es, para ella, una verdad con la que poder desenvolverse en la vida, pero pronto se dará cuenta de que con éso sólo no basta. La realidad le vence en sus compromisos y obligaciones. En las distancias cortas, acaba por desenmascararse y se descubren demasiados defectos que corregir en la adultez. Sus 18 años están al caer y con ellos la decisión y libertad que demanda. Una libertad familiar mal utilizada y peor gestionada pues, a partir de ahora, “sus enemigos” serán los suyos, sangre de su sangre y no quedarán más molinos institucionales que derribar. El psicólogo que hace unos meses era repugnante y asqueroso, hoy es como un padre y no quiere dejar de verle y tratarse con él.

Ha estado casi 10 años en acogimiento con una familia ajena y solo le quedan palabras malsonantes y recriminaciones. Por el camino, dejó además una denuncia. Sus acogedores somos desde hace un año, nosotros/as; y su visión es parecida o peor que los anteriores. Guardando la respectiva prudencia y cautela en sus manifestaciones, por sus ojos, gestos y actos se desprende ira, hastío y venganza hacía las figuras educativas y de autoridad que representamos. Ahora que se lanza hacía el estrellato independiente, se atreve a sonreír con mayor asiduidad y hablar de cosas que antes no se atrevía ni a pensar, ni aceptar.


- Porque tú ya sabes, que cuando entré, no te aguantaba. Me caías super mal y me ponías muy nerviosa. Tan serio, que cuando me hablabas así, me irritaba.
– Pues no, ciertamente no lo sabía.
– Bueno, pero ya sabes a quienes nos caías mal y eso. Pero, mira tú que ahora me entiendes mucho mejor, y con Bidezabal y contigo me ayudáis más y os entiendo mucho mejor. Me lo explicáis todo de tal manera, que estoy mas tranquila, me siento mejor. Como si supierais lo que necesito oír para ayudarme.
– Lo único que te puedo decir, es que yo soy la misma persona ahora que cuando entraste. En todo caso, habrás visto en ti un cambio de actitud y reflexión que te ha ayudado a mejor. Respecto a lo de caer mal a los demás chicos/as o…
– Ya, ya sé que te da igual. Que no te importa lo que opinemos.
– No. Igual no me da. Pero no estoy aquí para caeros mejor o peor. Estoy aquí por razones más globales y ambiciosas.

Ya ven, compañeros/as, que en una conversación condensada de 20 minutos, entrada la noche sentados en la cama de una habitación, se puede pasar de la gloria al purgatorio tan rápido como de la alabanza al desprecio o el enjuiciamiento.

Salgo del hogar, miro el reloj de la estación y me cercioro de que el tren del día a día continúa bien por su rail. Pisando firme y sonriendo a la vida y a las personas, pequeñas y mayores.

Ilustración: SEBASTIAN GUASTI.

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