Posteado en Abril dUTC 2010
Las redes sociales y las nuevas tecnologías, permiten casualmente, entre tanta vorágine informativa y comunicativa, algún que otro milagro socioeducativo o, al menos, un largo y pronunciado momento de carcajada.
Hace días, intentando gestar una entrevista con la madre de un menor, me las tuve que ingeniar para convencerla de la necesidad de nuestro encuentro y la implicación que el gesto conllevaba hacia su hijo y el caso que nos ocupaba. No iba a ser todo un camino de rosas y menos en un caso de sobreprotección familiar donde el vástago consentido siempre tenía razón y todo el mundo le tenía manía. Quizás entreviera, con buen tino, que la entrevista iba encaminada a una nueva revisión de su hijo (la quincuagésima) y que lo aportado, nunca sería como lo que ella misma, de primera mano, había vivido a diario.
“Hola soy la madre d Ismael te eyamado para de cirte ke mi ija esta empracticas y llega a casa a las 8 y no tiene yabes yamame para ke dar mañana más pronto”.
En numerosos artículos o posts (todavía no acabo de reconocerme en las TIC) de Quique, el Educador Social en Alaska, compruebo con satisfacción la presencia y reconocimiento de una máxima en nuestros recursos sociales de base: Hay momentos en la vida que cualquier persona de a pie pase una mala racha y tenga que hacer uso de los servicios sociales. Por diversas circunstancias, todos/as pudiéramos ser usuarios en potencia y no por ello ser o parecer menos.
El primer día que empecé en esta profesión, conocí a una señora con tres hijos que se encontraba en esta misma coyuntura. El alcohol le impedía desarrollar sus circunstancias personales más relevantes: como madre y como trabajadora que sustenta a una familia. Tuve el placer de trabajar con uno de sus hijos durante cinco años. Hoy es el día que cuando paso por el taller mecánico, me acerco a saludarle y saber cómo le va. A su madre hace tres que no la veo, pero no falta un año, por navidades, que me envíe el pertinente mensaje al móvil. Es una felicitación navideña, que encierra mucha más información y simbología que los 45 caracteres que posee. Es la continuación y el recordatorio telemático (ahora que está de moda la palabra) de un trabajo bien hecho, de una ayuda eficaz en unos momentos personales muy difíciles, con final feliz.
Publicada por Asier el 21/04/2010
Categoria: Familia, Reflexiones
Hace unos días, una conocida, que trabaja como profesora en un centro escolar, me pidió consejo, sobre un alumno que le presentaba diversas problemáticas. Para que sea más ameno, lo presentaremos en forma de carta con las propias expresiones del menor.
Querido diario:
¡Hola! me llamo “Fleky” y tengo 15 años. Mi vida desde pequeño ha sido “una puta mierda”. Tuve la mala suerte de nacer y además me tocaron en suerte unos padres incapaces de cuidarme, y que te voy a decir de educarme.
Mi padre “el borrachuzo”, siempre estaba pegando y maltratando a mi “vieja”, la cual es una pobre mujer que no tuvo las agallas de separarse hasta hace bien poco. Ahora cada uno tiene su vida, pero siguen siendo los inútiles de siempre, que no tienen ni idea de tratar a un adolescente como yo.
En este momento vivo en casa con mi madre y mi hermano mayor, hago lo que quiero y cuando no puedo ¡ya sé lo que tengo que hacer!, me he convertido en una persona díscola, mentirosa y manipuladora, pero a la vez soy cercano y agradable ¡vamos que me lo sé hacer!. Tanto en casa como en el cole tengo problemas, ¡ya sabes! me encanta la fiesta y la noche, botellón, cannabis y ahora me regalan “coca” ¡qué guay!, esto me trae conflictos en casa, ¡discuto y pierdo el respeto a “la vieja”!, también le robo y todo eso…
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Publicada por Aitorziza el 19/04/2010
Categoria: Familia, Juventud, Vomitonas
Tranquis, ¿eh?, que no ha pasado nada malo. Utilizo esta expresión como título para comentar las sensaciones que estoy viviendo las últimas semanas ante el inminente cambio laboral que se avecina. Y es que puede que muchos de vosotros y vosotras ya sepáis que me ha surgido la oportunidad de cambiar de curro y he dicho que sí.
Tranquis, ¿eh?, que seguiré como Educador Social, aunque el cambio, ciertamente, es bastante radical. No entraré en detalles más que por mí por las personas con las que estoy trabajando, pero he de decir que la principal característica o diferencia va a ser que ya no tendré intervenciones directas (o presenciales) con personas.
Tranquis, ¿eh?, que el contacto lo voy a seguir teniendo pero vamos a decir que a través de sistemas más… mmmm… telemáticos. Sí, telemáticos está bien.
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Publicada por lucce el 13/04/2010
Categoria: Empleo, Vomitonas

“En fin, Viernes Santo. Que desde mi confeso agnosticismo te confieso que acudiré a la procesión, permaneceré en silencio al paso de las imágenes y durante un rato volveré a creer en Dios“. Diego.P. (Publicado en Freebook)
Diego Pérez, además de amigo, es un Publicista con alma de Educador Social. Como en las pasiones más humanas y a veces racionales, entiende la profesión desde dentro. Con responsabilidad y con vocación. ¿O es que ambas son incompatibles? Desde hace tiempo, tengo unas ganas enormes de sentarme con una compañera de profesión en una mesa y disertar en torno a una cuestión que, de manera no explícita, nos separa. B. y yo nos hablamos, nos saludamos, nos oímos y nos respetamos… pero ambos sabemos que en una cuestión chocamos frontalmente y nos es difícil desembarazarnos de nuestros criterios y valores propios. La diferencia no es otra que el posicionamiento profesional que ambos desarrollamos en nuestros respectivos recursos: ella como Educadora en una Asociación de enfermos psíquicos y yo como educador en un Hogar de Acogida. La una piensa del otro lo mismo que él sostiene de ella. Ambas posturas parecen incompatibles e irrenunciables. ¿Y si no lo fueran tanto?
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Publicada por Asier el 6/04/2010
Categoria: Educación Social, Reflexiones