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Desavenencias Santas

Desavenencias Santas

“En fin, Viernes Santo. Que desde mi confeso agnosticismo te confieso que acudiré a la procesión, permaneceré en silencio al paso de las imágenes y durante un rato volveré a creer en Dios“. Diego.P. (Publicado en Freebook)

Diego Pérez, además de amigo, es un Publicista con alma de Educador Social. Como en las pasiones más humanas y a veces racionales, entiende la profesión desde dentro. Con responsabilidad y con vocación. ¿O es que ambas son incompatibles? Desde hace tiempo, tengo unas ganas enormes de sentarme con una compañera de profesión en una mesa y disertar en torno a una cuestión que, de manera no explícita, nos separa. B. y yo nos hablamos, nos saludamos, nos oímos y nos respetamos… pero ambos sabemos que en una cuestión chocamos frontalmente y nos es difícil desembarazarnos de nuestros criterios y valores propios. La diferencia no es otra que el posicionamiento profesional que ambos desarrollamos en nuestros respectivos recursos: ella como Educadora en una Asociación de enfermos psíquicos y yo como educador en un Hogar de Acogida. La una piensa del otro lo mismo que él sostiene de ella. Ambas posturas parecen incompatibles e irrenunciables. ¿Y si no lo fueran tanto?

Hace un año, cuando nos presentaron, nos sentamos junto a una mesa, con esta temática por medio y acabamos en tablas. Eso sí, cada uno salió por distinta puerta de la cafetería. Fue una bronca silenciosa, un debate eufemístico, una conversación enrocada. Sin ganadores ni vencidos. Pero con esquirlas de metralla en el interior de ambos estómagos.

Mi amiga B. es mayor que yo y tiene la enorme ventaja de conocer el sector de la intervención social desde casi su alumbramiento. Desde aquellos años de asociacionismo voluntario, familiar o religioso a la paulatina profesionalización. Giros copernicanos desde la caridad o el sin ánimo de lucro a posicionamientos más empresariales y animosidad a lucrarse. Lucrarse de la personas o con las personas, es una de las amenazas y virulenta denuncia que se avecina en ciertas organizaciones del Tercer sector. Mi postura es clara en este sentido: El carácter social de una entidad, se debe medir con parámetros profesionales: cualitativos principalmente (calidad del servicio y recursos o ayuda que presta) y cuantitativos (debe ser solvente u obtener recursos suficientes: para el bienestar del servicio, para sus profesionales y para la entidad en sí) Ganar dinero u obtener beneficios en una Asociación, no significa que se esté creando un emporio monstruoso. Y en todo caso, es contra esos recursos contra los que habría que ir. Lo digo claro y alto, por si no me entienden: Cuando presumo de trabajar en el ámbito de lo social, no me pongo capirotes ni hago de nazareno durante la semana santa. Directamente, les digo que soy agnóstico y que los recursos económicos son importantes en nuestras organizaciones. Sin miedo a quemarme ni a que me lleven al infierno. Ni sobrevivir de las subvenciones públicas o privadas, ni cotizar en el IBEX-35.

Ya lo siento, querida amiga B. Considero que soy un buen profesional, ejerzo una labor que las instituciones me derivan y además de gustarme lo que hago, me congratulo día a día de haber escogido este camino laboral y vital. Sin dejar de pensar, por ello, que no me merezca un reconocimiento social y económico mayor, acorde a dicha responsabilidad y desempeño de mis funciones. Y doy fe, no sé de qué tipo, de que no me limito a jugar al pañuelito, a acompañar al colegio a un niño o a sonarle los mocos cuando está resfriado. Nadie da duros a cuatro pesetas, por muy bueno/as que nos consideremos. Y los que presumen de altruismo, menos.