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Sobreviviendo, Que No es Poco

Sobreviviendo que no es poco

Son tiempos de galerna económica, por si no nos habíamos enterado. Los políticos y los tertulianos de diario (que ya parecen más funcionarios, que los propios que ostentan el cargo) nos lo repiten incesantemente, como si de un juego de estrategia se tratase: “Tocados y hundidos”. Esta vez, los ejemplos son Alemania y Reino Unido, que como aquellos parientes de postguerra un día emigraron a América buscando riqueza y finalmente regresaron menos abundantes de lo que se les presuponía.

Merkel y Cameron han sacado las tijeras y se han puesto a confeccionar el nuevo traje. Al igual que en España, mucha gente de clases medias ha vivido por encima de sus propias posibilidades y han ido ensanchando su nivel de vida, sobrepasando la balanza de la cordura. Muchos otros, de clases bajas no van a tener tantos problemas. La crisis no les resulta extraña, pues viven con tan ingrata compañía desde hace ya no se sabe cuanto. Ni el mismísimo sastre del Sr. Camps, ha podido recomponer ropaje alguno para cubrir sus miserias. Nuestras propias miserias.

En el edificio donde me encuentro profesionalmente, la segunda planta está reservada para las Oficinas Municipales de Acción Social. Es el epicentro, de las llamadas “ayudas sociales”. En la actualidad, hemos llegado a un punto tal, en el que la afluencia de personas ha bajado espectacularmente. El motivo no es porque no les atiendan, ni cuelgue de la puerta el cartelito de “Vuelva usted mañana”. Se oye por los pasillos y escaleras de acceso, que la saca se ha roto y las arcas están vacías. Resumiendo y parafraseando al inigualable filósofo y haciendo las veces de guiñol, Pepiño Blanco: “Estamos mal, pero menos mal que estamos“.

Los sindicatos de este país están empezando a salir a la calle para buscar migajas entre los escombros políticos. Son ellos mismos, los que también sobrevolaron altos vuelos presupuestarios, pero ahora mismo el pantanal se está secando y no quieren dejar de beber. “El sindicalismo ha muerto ” me dice un compañero de manifestación, mientras ojeamos uno de tantos panfletos revolucionarios que nos regalan. No sé si ha muerto o no, pero sí parece que permanezca adormilado de unos años a esta parte. Solamente recordar, el levantamiento en armas acaecido en el año 2004, contra el aznarato y sus mentiras post-11M, hace que se me ponga el bello de punta, no atisbando comparación alguna en cuanto a movilización y/o sensibilización.

Rojos y azules, rosas y gaviotas siguen proponiéndonos que ellos serán los que nos ayuden a ver la luz tras el túnel. Una luz que cada vez esta más cara y más lejos. ¿En los mercados?, ¿en la crisis financiera global?, ¿en los especuladores?, ¿en el ladrillo? ¿de dónde y cómo saldrá a la vista del resto de los mortales?

Mientras, los vecinos de la segunda planta, siguen esperando en las escaleras, preguntándose quién les dará fuego y a quién remitir sus cinturones ya mermados por la opresión de hebillas. Yo les propongo una dirección, sin posibilidad alguna para la devolución de las misivas:

Don José Blanco López. Nuevos Ministerios. Paseo Castellana, 67 (Filántropo descarado)