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El Amigo Incoherente

El Amigo Incoherente

A los profesionales que ejercemos en este laboratorio de lo social que nos absorbe y atrapa a partes iguales, se nos hace visible en repetidas ocasiones, el mero hecho de la existencia y relación con personas limitadas en coherencia y responsabilidad.

Es por ello que convivan entre nuestros recursos, diría alguno. Hay cafres en todos sitios, dirán otros. Un amigo mío, visible y coherente, siempre me recuerda en tono jocoso, que “algunas personas se debieron perder en el camino, el día que Dios repartía cerebros“.

Uno de los clásicos en las relaciones intrahumanas de algunos de nuestros usuarios en los servicios sociales, es el de tapar ausencias, deterioros y conflictos a base de regalos. Soy tu padre, soy tu madre, soy tu familia, soy tu amigo. Quizás no pueda clarificar nuestras propias relaciones convivenciales, pero tratándose de lo material, que no te falte de nada. El refuerzo positivo, el apoyo emocional e incondicional, son elementos ajenos a nuestras costumbres y siempre parecerá que lo que luce, si es grande, rimbombante y caro, arrasa con todos los males anteriores. Falso. Tapa una evidencia física o material, pero deja al aire las miserias de las relaciones humanas.

Hace mucho tiempo, conocí a una familia que recibía las ayudas sociales en forma de Renta Básica. Los inconvenientes y dificultades económicas eran muchas y dolorosas. Las ausencias materiales de primera necesidad eran evidentes, en un hogar que apenas lograba las condiciones mínimas de salubridad. Sus paredes se arropaban en unas viejas cortinas y los cuerpos descansaban sobre un viejo sofá de eskay. Las reformas en cocina o baño, eran términos que no se asociaban por entonces a las necesidades básicas.

Con una de las primeras ayudas económicas que recibieron, fueron corriendo a un bazar y se compraron un televisor. Luminoso, estratosférico y digitalizado en aquella época analógica. La ayuda era para ellos, el hogar también, los ideales más todavía. Pero el dinero era de todos/as los contribuyentes y como es lógico (aunque no nos prodigamos mucho en materializarlo) la trabajadora social encargada de coordinar el caso, ordenó devolver el aparato y comprar inmediatamente un frigorífico, ausente hasta el momento en la familia.

En esta época de calores políticos, las vacaciones merecidas o no, son disfrutadas de diferentes formas y graduaciones: desde el aprovechamiento generalizado para la continuidad de una buena formación hasta la desgana mas vaga y ralentizada de una cama o inmersión en la red de redes por los siglos de los siglos. Una de las familias que mas conozco y con quien puedo asegurar, trabajar de manera mas cómoda y racional, ha iniciado sus vacaciones en familia celebrándolo de manera muy del uso: Al niño, al que ven casi a diario y en breve pasará a formar parte del organigrama interno, le han hecho un regalo. Al crío, como último deber de fin de curso, le habíamos encomendado la difícil y encomiable tarea de formalizar la inscripción en su futuro centro educativo. Parece que al final, la tarea debió ser tan ardua que ha costado más de lo habitual en una persona de a pie. Debían ser otras las prioridades, y antes de la acción mencionada, optaron por la matriculación del brazo derecho del susodicho. No vaya a ser que el muchacho se pierda entre tantos jóvenes y no sepamos quien es ni como se llama. Su nombre clavado a tinta, para quede muy claro.

P.D.: Y encima con 50 euros de descuento.

Ilustración: Diego Marmolejo.