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De Anarquía y Utopías

De Anarquía y UtopíasDesde hace unas semanas, unos cuantos lectores y seguidoras de nuestra página en Facebook nos han venido dejando enlaces sobre la situación de nuestro colectivo profesional en la ciudad de Madrid, donde, al parecer, se ha producido un recorte de los presupuestos en materia de servicios sociales que ha provocado, entre otras cosas, el despido de 111 profesionales, así como la paralización de numerosos programas de intervención con infancia, juventud y familia.

Si quieres conocer más al respecto puedes visitar la citada página o acudir a enlaces como éste de Kaos en la Red publicado por el sindicato anarquista CNT. Si te decantas por esta opción, te aconsejo le eches un vistazo a los comentarios que algunas personas han dejado al respecto de su manifiesto porque no tienen desperdicio y porque han sido los que han motivado esta entrada.

La mayoría de ellos están firmados por comentaristas que también se denominan anarquistas. La verdad es que este movimiento político (o apolítico, según se mire), sindical, ideológico o filosófico siempre me ha caído bien. Y lo digo así, sin buscar calificativos más ampulosos o cultos al respecto. La principal razón de esa simpatía hacia los anarquistas y sus ideas radica en su búsqueda de la Utopía, así, en mayúsculas. Y, nuevamente, he de aclarar que no es que vea este fin como algo ingenuo. Es más, me parece loable y valiente esa búsqueda pero también he de reconocer que soy escéptico al respecto.

Evidentemente, como cualquier otra ideología o movimiento, el anarquismo tiene muchos puntos, en mi opinión, criticables; por ejemplo, en lo que concierne a los comentarios del enlace mencionado y, por ende, a la interpretación que algunos de los comentaristas hacen sobre nuestra profesión, he de decir que estoy radicalmente en contra de la opinión que tienen al respecto de nuestro trabajo y algunos de sus ámbitos de actuación.

En primer lugar, me sabe mal que se parta del prejuicio generalizado de que todos los Educadores Sociales que trabajan en el ámbito de los centros cerrados de menores son “carceleros” y maltratadores. Como en cualquier otra profesión, los habrá que no cumplan con el código deontológico que rige nuestra profesión o que, simplemente, no respeten los derechos de esos menores, pero no por ello se puede meter en el mismo saco a todos.

Por otra parte, duelen algunas expresiones ahí comentadas, como por ejemplo que el interés último de los sindicatos que defienden una mejora de las condiciones de los trabajadores de la intervención social es el mantenimiento del sistema, ese sistema que, según comenta, perpetúa un estado en el que siempre habrá personas “pobres” y, por ende, nunca nos faltará trabajo. Se llega a entender o al menos yo así lo entiendo, que por el hecho de querer dignificar nuestra profesión implica una mayor generación de desigualdades para con las personas con las que trabajamos.

Osea, que, según algunos de esos anarco-comentaristas, la profesión de Educadora y Educador Social no debería existir porque la mera existencia de la misma implica la existencia de desigualdades. ¿Es como si dijésemos que la existencia de médicos implica la existencia de enfermos y que si desapareciera la profesión de galeno desaparecerían las enfermedades? No lo creo. Otra vez la Utopía.

Y sí, claro que entiendo las diferencias y admito que mi símil puede sonar demagógico, pero, desgraciadamente, creo que las enfermedades sociales no van a desaparecer porque dejemos de trabajar sobre ellas. Aunque claro, me imagino que lo que se plantea es atacar el problema de raíz, es decir, cambiar todo el sistema, conseguir una plena y total transformación social (el paradigma, por cierto, que tantas veces nos vendieron en la Universidad)…

Y, con todo, volveríamos a lo de siempre: ¿acción total y directa o seguimos trabajando poco a poco desde dentro? Obviamente, que ahora yo optase por la primera de las opciones sería incoherente… Pero es que, además, creo en la segunda. ¿Será, por tanto, que no creo en la Utopía? Pienso que no, osea, que sí, que creo. Pero pienso que quizá cada uno y cada una establecemos nuestras utopías en diferentes distancias, en distintos puntos.

Para mí, para muchos sindicalistas e incluso para muchos anarquistas (como demuestra el manifiesto anteriormente enlazado) la utopía está un poco más cerca y habla de que no se recorten derechos, ni condiciones laborales, ni de que se supriman programas sociales, ni de que se vaya gente a la calle, etcétera…

Por mi parte, intentaré seguir trabajando en busca de esta primera y, quién sabe, a lo mejor, con el tiempo, podemos mirar más allá, podemos buscar esas otras utopías.

Imagen vía: Paredes que Hablan

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