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Vuelta a los Clásicos

VUELTA A LOS CLASICOSSe ha ido el verano, tal como vino: Con sintomatologías de crisis, con calentamientos laborales varios, con primarias de segunda y con un olor a Huelga General que no tiró para atrás, como se hubiese deseado. Echas la vista atrás y sin querer evitarlo, la mente se retrae a otros tiempos de lucha sindical: buzos, pasamontañas, palos, piedra y humo. La clásica (y muchísimas veces eficaz) reivindicación laboral. Hablaremos otro día con más detenimiento de este tema. He escuchado y leído en estas últimas semanas, muchas opiniones al respecto. Casi todas muy interesantes, pero reconociendo de antemano que mi historia personal me ha llevado hacía otros postulados, no tan alabados ni reconocidos en estos tiempos. Pero eso, será otro día.

También es momento de volver a los nuestros. A nuestra labor diaria, a la Educación Social desde dentro de un Hogar de Acogida. Hay muchas novedades e historias personales que desenmarañar. Iremos poco a poco con ellas, pero la historia de hoy es para un muchacho que abandona el recurso y dejó buenas pinceladas del que podría denominarse hoja de ruta en el trabajo social: Diego tiene 13 años y su principal handicap (que no es poco) es que no quiere ir a la escuela y su madre no puede con él (o no quiere). Es de etnia gitana, pero de las nuevas generaciones. Bien vestido, cuida mucho su estética personal, acude regularmente al culto evangélico y se relaciona bien entre sus iguales (de su grupo y de otros). Los servicios sociales le siguen la pista desde hace mucho tiempo, pues las expulsiones de los centros educativos han sido un continuo en su vida: “Voy a ir a clase cuando quiera y si voy y me aburro pues reviento la clase, porque yo lo que quiero es divertirme“.

El educador familiar lo ha intentado de mil maneras, pero no terminan de cuajar los compromisos adquiridos, si queremos que el muchacho siguiera en su domicilio, no ingresando en un centro u Hogar Residencial. Cuando hablamos de compromisos, nos referimos principalmente a los del propio interesado (va camino de 14 y algo tendrá que decir) y a los de su familia. El enganche materno es muy grande y la madre colabora en el proceso, pero sin llegar a poner a su hijo en el disparadero del límite: El límite familiar y el límite correctivo. Los educadores solemos verlo fácilmente, pero es cierto que cuesta meterse en el papel de madre/padre y actuar bajo esos parámetros: “Eres mi hijo y te quiero. Pero no vas a hacer lo que te de la gana. Y si lo mejor para ti es que ingreses en un centro o un Hogar, porque aquí no nos haces caso; lo haremos“.

Después de varios colegios y cientos de ausencias, un día se cumplió la amenaza. Ingresó en un hogar de acogida, pero con la cautela de que si no reculaba y empezaba a cambiar sus hábitos, podría desembarcar en un centro mas privativo (que ya conocía una de sus hermanas, con anterioridad). Sus primeros días los pasó fatal. Abría las ventanas, pues la casa se le hacía como una celda interminable al mas puro estilo Bernarda Alba. Su asma se agudizó (no sabemos si somatizado o no) y sus nuevos hábitos los tomó como un juego, a comentar después jocosamente con su familia: “Mama, me hacen de chacha. Limpió los platos, hago los baños. Ya te digo ¡¡¡ Ayy padre, ya están por aquí los educadores. Todo el día me dicen cosas, mama“.

Después de varios meses, se han cumplido ciertos objetivos, que permiten una vuelta a casa, para seguir allí lo iniciado aquí: Ha faltado en 3 meses a 4 horas de clase ( y por tonterías de llegar tarde, o cosas así). Maneja mejor ciertas habilidades comunicativas (pide las cosas, no las exige), hábitos horarios, de salud, de higiene, etc, etc… Se despidió con una frase contundente: “Estos meses me han servido para valorar mucho mas todo lo que tengo y las personas que están cerca mío“.

El no querría vernos más ni en pintura y sin embargo, no nos odia. No lo ha pasado bien, porque desconocía la normatividad y la frustración. Necesaria en pequeña dosis, para degustar y valorar los logros, las metas y la felicidad mas plena. ¿Cuales fueron las claves? ¿Qué librillo nos guió en la actuación o durante el proceso del caso? El mismo que utiliza la selección española de fútbol, según un seguidor argentino: Hacer novedoso, lo que siempre ha sido viejo.

Ilustración : Jack Mircala.