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Tragar Mierda, Echar Mierda

Ya he comentado en alguna ocasión que tengo una enorme suerte en mi trabajo por un aspecto concreto: no me suelo llevar el curro a casa. De verdad, es una bola. Y lo digo porque conozco a muchas compañeras y compañeros que, desgraciadamente para ellos, situaciones vividas en su curro les suelen acompañar también en su vida cotidiana. El recuerdo de ese caso que trastorna, la imagen de esa niña abandonada o de ese chaval maltratado…

El hecho de tener que tragar mierda va implícito a nuestro trabajo. Nos toca escuchar y afrontar historias durísimas, situaciones personales dantescas que, lo queramos o no, nos llegan y nos marcan. Al fin y al cabo, participamos en ellas, trabajamos sobre ellas y, por tanto, de alguna u otra manera nos llegan a tocar. Luergo, evidentemente, está la capacidad de cada cual de dejar aparcadas esas historias al salir de la oficina hasta el día siguiente. Como digo, yo tengo esa capacidad, pero, como también he dicho, muchas otras personas no.

Y aún así, también a los que poseemos dicha facultad, nos toca puntualmente llevarnos la mierda tragada a casa y estar un día o dos tocados. Hace poco en mi curro actual (del que ya les hablé en su momento, el cual no se basa en un contacto directo con personas) tuve uno de esos. Todo por un tema de supuestos abusos sexuales a unas menores. Una historia dura, sarnosa, enquistada, asquerosa que, aunque fuera por teléfono, dejaba muy mal cuerpo…

Evidentemente, no voy a contar nada más al respecto, pero ha sido este caso el detonante de esta entrada. Un post que habla de tragar mierda pero que, impepinablemente, tiene que acabar con una reflexión o una búsqueda sobre cómo echarla.

El caso es que tampoco sé muy bien cómo. A lo mejor tienen que ser nuestras empresas o las instituciones con las que trabajamos las que nos proporcionen un espacio para expulsar toda la basura acumulada con el transcurso de nuestro curro diario. No sé si tiene que ser a través de sesiones grupales terapeúticas, mediante expertos en riesgos laborales especializados, a su vez, en temas de estas características o qué…

El caso es que, cada vez más, considero ésto como una necesidad fundamental en nuestro ámbito. Del mismo modo que el hecho de tragar mierda es inherente al mismo, la necesidad de echar mierda también lo es o debería serlo. A lo mejor ya se está haciendo o conocéis experiencias en este sentido. Si es así, os agradecería que nos las contaseis en el apartado destinado a los comentarios.