Tags

Related Posts

Share This

La Coordinación

Uno de los momentos más explícitos dentro de nuestro quehacer profesional, es el de la coordinación con otros profesionales en la llamada intervención multidisciplinar. Con el tiempo, algunas de ellas, pueden llegar a mecanizarse en su funcionamiento y desarrollo, lo que en el peor de los casos, derivaría en una autentica pérdida de tiempo y un acomodado “ya nos hemos intercambiado información y en lo que a mi respecta ya me vale. Ahora continuemos cada uno desde su espectro u área particular“.

Hoy voy a hablar de la vital importancia asociativa del acto y del porqué de los miedos, los éxitos y avances que nos mueven alrededor de este espacio.

En cuanto a sus logros y virtudes, dentro de aquellas que he podido compartir y tomar parte durante casi esta década profesional, puedo asegurar que uno de sus puntales radica en la repartición de responsabilidades. Partimos previamente de la asunción de cada uno/a de los profesionales de un campo de responsabilidad, inherente al caso o casos que nos ocupan. No se trata tanto de convencer de nada a nadie, ni mucho menos de intercambiar información asépticamente para rellenar expediente. Se debe ir mas allá y es nuestro deber, ir en busca de ello: Definir y consensuar los objetivos de caso, hoja de ruta del mismo, búsqueda de compromisos compartidos (empezando por la administración y acabando en el usuario), tomar decisiones, búsqueda de alternativas, reflexionar en y sobre la acción desarrollada y un largo etcétera ya por todos consabidas.

Minimizando, a ser posible, la uniformidad de criterios y la focalización de los males y problemas en agentes externos. Requiere para ello, grandes dosis de voluntad y una alta capacidad crítica (pero constructiva) en lo que se va conformando. En todos estos años, he oído de casi todo y a todas las partes, en cuanto a tal necesaria unión se refiere: “Buff, a la trabajadora social ni se la rebate. Lo que diga ella va a misa”. “Es una rémora histórica que tenemos. Siempre se estima como más relevante o valioso la consideración del psicólogo”. “Los educadores sois más viscerales. Actuáis desde la realidad socioeducativa y con una alta dosis relacional“.

Hace escasamente una semana, nos acompañó el Técnico de Infancia de la provincia. Acostumbra, satisfactoriamente, a coordinarse personalmente con el hogar una vez cada trimestre en la reunión de equipo semanal. Las coordinaciones telefónicas y el trasvase de información es continua y al igual que nosotros gozamos de su confianza (ganada durante años en estos tiempos de no poner la mano en el fuego por nada ni nadie), él conforma una figura relevante y de palabra en nuestra estima profesional y personal. Eso no quita para que, metidos en harinas, todas las partes acabemos un poco sucios y polvorientos. Desde el respeto que nos merece, los cinco educadores partíamos en esta reunión con toda la munición socioeducativa preparada para resolver un caso harto difícil y del que solo sacaríamos avances o soluciones desde la unión y el compromiso de todas las partes. El lo sabía, venía preparado para ello y no rechazó el guante que a todas luces le iba a corresponder en esta historia. La propuesta de soluciones, alternativas y dirección que debería tomar el caso lo marcó como una propuesta de partida, que a todos los profesionales allí presentes nos llegó a descolocar, llegando incluso a considerarla como traumática, pero quizás necesaria.

Muchos puntos de vista (quizás tantos como profesionales existentes), un consenso en el seguimiento de caso y objetivos a alcanzar y una enorme capacidad de trabajo, por y para el caso, deben ser los ingredientes necesarios para alcanzar el aprovechamiento y satisfacción necesaria en la consecución del mismo. Y no nos engañemos: En una mesa, todos/as estamos sentados cara a cara, a la misma altura. Son nuestros argumentos y nuestro afán constructivo, el que debe tomar parte y hacerse relevante en la coordinación. Y con ello irá también la propia Educación Social, haciéndose con el lugar que le corresponde.