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La Puerta Giratoria

La Puerta Giratoria

“Las arrugas de la frente, son las medallas que te da el haber vivido”

– ¡¡ Y un pimiento !! – exclamó – Serán nostálgicas, bonitas, serán orgullo de much@s y todo lo que tú quieras, pero las medallas, dejad que me las ponga yo mismo, gracias.

Cuando en nuestras frentes empiezan a vislumbrarse los primeros pliegues y muescas, al estilo de una botella de gaseosa y nuestros cueros cabelludos perennifolios empiezan a poblarse de tintes para disimular la coloración plateada que le correspondería, es momento de detener el tiempo y preguntarse por el paso del mismo. ¿O quizás no?

En Educación social, un@ es o se siente algo veterano cuando empieza a trabajar en un nuevo caso o recibe la visita de una nueva familia y al levantar la vista de los papeles y reconocer visualmente a los otr@s interlocutores, se encuentra a ciudadanos reconocidos, viejos amigos del servicio o antiguos educandos. La vieja teoría de la pescadilla que se muerde la cola, en versión actualizada: compartiendo vida social y virtual en todas las redes sociales (tuenti, twitter, messenger…) y con todas las nuevas tecnologías celulares a su alcance (iPhone, Android, Black Berry) El viejo y maldito determinismo social, en primeras personas, con nombres y rostros (pero con móviles de última generación)

Estas semanas atrás, ha iniciado el ciclo de acogimiento residencial una joven de nombre Janire. Janire tiene 10 años, de los cuales 9 ha vivido dentro de un esquema de familia extensa, donde se sabe quién es el referente de primer orden pero no se atina a vislumbrar quien es el último. “Somos muchos y entre todos la cuidamos”, es la práctica cotidiana. Cuando queremos asegurar ciertas costumbres y responsabilidades (asistencia escolar, cuidados básicos de atención e higiene, refuerzo y estimulación personal y educativa, etc, etc…) nunca se sabe bien a quién recurrir. Al fin y al cabo, la niña es feliz en un mar de caos.

La institución protectora no puede (ni debe) mirar a otro lado. Se proponen programas de ayuda y asesoramiento familiar, de seguimiento individualizado con la niña reportándole ciertos hábitos cotidianos y acercamiento de aquellos recursos que puedan servir de utilidad. Tantos que incluso los propios educadores sociales, tendemos a criticar en ocasiones como una sobreexposición a multitud de recursos. Lo que en algunas ocasiones, parece ser una ausencia de recursos o ayudas, en otras se convierte en un sobredimensionamiento. Lo resumía muy acertadamente, nuestro lector y compañero Bidezabal, con aquel escueto eslogan: “Ponga un educador en su vida: se sentirá mejor”. Que el niñ@ hace cosas raras en casa o se porta mal en el colegio: al psicólogo, no vaya a ser demasiado tarde. Y de paso, que le vea también el orientador y hable con él un rato.

Aquel educador del que hablábamos al inicio, que a partir de aquella presentación se sentía un viejo en la profesión, venía a refrendar que los ciclos y los bucles, son una realidad y suceden en nuestras vidas y en la ciudadanía. Esa nueva visita y ese nuevo caso, constataba que Janire no surgía de la nada, ni de unos malos hábitos en su cuidado: apareció, recurrente en el tiempo, como consecuencia de su progenitor. Un joven inconsciente y negligente, que tampoco supo ser padre, evitando el proceso o institucionalización que él mismo había vivido una década antes. ¿Y donde queda entonces el trabajo de los profesionales y las instituciones, que no logran evitar este ciclo circular?

Adolfo Muñoz, coordinador general de un sindicato laboral, hablaba la semana pasada de los políticos y la metáfora de la puerta giratoria: “Siempre acaban siendo las mismas personas y grupos, las que dirigen los intereses socio-económicos y políticos de nuestros estados. Se inician en la empresa y pasan a la política. De ahí vuelven a la empresa y pasan posteriormente a la banca. Volviendo al cabo de un tiempo a la política, de nuevo. Siempre girando en la misma puerta de entrada, sin llegar a salir de ella”.

Si nuestr@s hij@s, nuestros educandos, o nuestras familias, siguen recreando esta indeseable tendencia, ejemplarizando que es imposible salir de ese círculo marcado por el destino, no nos quedará mas remedio que trabajar mucho más y esperar a no acabar como están acabando algunos de los estados a los que se refería el señor sindicalista.