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El Informe

Cada cierto tiempo, aunque más frecuentemente en periodos trimestrales y/o semestrales, casi a la par de su hermana mayor la pedagogía, vinculada esta a los ciclos escolares, aparece en la escena socio-educativa uno de sus puntos álgidos o cúlmenes.

No por la relevancia del mismo (quizá uno de los menos querido y disfrutado por lo profesionales), sino por su importancia y fuerza argumental. Es el testamento escrito, que de manera formal y profesional pasará a formar parte de nuestro trabajo, nuestro día a día, nuestros ciudadanos atendidos y nuestros educandos.

Testigo de momentos vividos, relaciones surgidas o fabricadas, de responsabilidades adquiridas y de los planes de caso llevados a cabo. Reflejo de diversos seguimientos, de acompañamientos realizados, de actividades desarrolladas conjuntamente y de multitud de objetivos marcados, consensuados y desarrollados: conseguidos y frustrados.

El informe ejerce en ocasiones, sin afán de pretenderlo, de sentencia judicial, de calificaciones escolares, de memoria sociológica, de crítica literaria, musical o cinéfila, de tertulia escrita o diario de sucesos. Recogida la influencia del racionalismo o análisis científico y el periodismo, pretende poseer como uno de sus pilares básicos la objetividad. La profesión suele entender que ese es el camino de optimización a conseguir, si bien es cierto que casi nunca llega a ser un fin último: se quiera o no, el educador no deja de ser una persona con multitud de vivencias, valores, ideales y, por tanto, prejuicios.

Algunas de las modalidades o tipologías de informe, que podemos encontrarnos habitualmente son:

INFORME LIGTH: Se trata de una narración concatenada y cronológica de hechos, sucesos y (des)encuentros habidos en la relación socio-educativa. No cree necesaria la aplicación de carga personal o emocional, ya que implicaría un plus de intromisión o intervención en las relaciones personales. De carácter muy lineal, y con la clara intención de realizar dicha tarea, sin más pena ni gloria. Suele ser un tipo de informe, que entremezcla variables y características afines al de la tipología aséptica.

INFORME ASÉPTICO: Suele ser el informe mas políticamente correcto. Utiliza terminología muy recurrente en la profesión (propia o prestada de la pedagogía, sociología y otras ciencias, casi siempre ligadas a las ciencias humanas). Tiene enorme tendencia a tomar la objetividad de los hechos y las personas como norma general, rehuyendo del juicio de valor y posibles incompatibilidades o malestares que podrían surgir o acarrear en el otr@ interlocutor@. Cumple expediente con muy buena nota, ya que suele estar muy bien redactado y (co)medido en sus apreciaciones. Es la tipología mas recurrente y utilizada por los profesionales de la Intervención social.

INFORME DESNATURALIZADO: No es el más frecuente ni habitual en la profesión, pero no por ello deja de existir. Su característica principal es que rehúye el compromiso deontológico de la veracidad y análisis crítico de las diferentes realidades planteadas. Opta claramente por agradar y mostrar empatía por la clientela, negándose a señalar las deficiencias o limitaciones de los casos, reflejando solamente todas sus potencialidades. Abusa de los eufemismos y circunloquios. También se dan casos, de cierta obscenidad narrativa e informativa al suplantar hechos o realidades, maquillándolas para el lucimiento personal o profesional. Su consideración entre los profesionales es peyorativa, con cierto halo de cobardía.

INFORME CRÍTICO: Posiblemente el informe más difícil de componer y realizar. Influenciado enormemente por la teoría crítica y su afán transformador. Conlleva de una mayor carga subjetiva de los hechos o acontecimientos, excediéndose en ocasiones en los juicios de valor. La redacción del mismo suele conllevar enormes cargas de parcialidad y juicios de valor, centrándose en la consecución o no de objetivos y sus razones de ser. Peca en ocasiones de pensar que lo allí escrito es palabra de ley y siempre conlleva una razón de carácter superior, guste o no a los usuari@s sujetos del mismo. En el gremio, tiene fama de informe valiente, sincero y directo.

Con este breve “informe” práctico, de las diferentes modalidades evaluativas que usamos los profesionales de la educación social, ponemos un punto y aparte, para respirar unos días, dar una vuelta a la idea e ir pensando en otras casuísticas que se den y aquí podamos debatir. Para que no me acusen de indiferencia, les diré que tengo mi propia modalidad trabajada: más cercana a unos postulados que a otros, casi siempre intentando rescatar lo mejor de cada una de ellas e intentando obviar los agentes o elementos nocivos.

Fotografía: “Ciencia loca” – Aníbal Pées Labory (2009)

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