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El Pijo de mi Escalera

Desde hace más de cinco años, nos cruzamos cada mañana de camino al trabajo. Él baja apresuradamente las escaleras del edificio mientras espero el ascensor. Me saluda cordialmente, con la cabeza algo agachada y la frente tapada por su flequillo, mientras va escuchando su MP4. Es un joven de los de hoy, moderno, tímido en apariencia, de buena presencia y educado. Gasta un look muy cool, caracterizado por una melena que va entre lo surfero y lo Justin Bieber, con algunos retazos aznarianos. Sí, han oído bien: educado y joven de hoy. Ya sé que nunca serán como los de antes, pero hoy les toca su parte de protagonismo y reconocimiento; y no duden de que, en un futuro cercano, serán considerados más altos, guapos y mejores personas que los que están por venir.

Antes de conocer a nuestro personaje de hoy, ya lo auguraba el genuino e irrepetible Groucho Marx: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna”. Son apariencias, pero quieran o no, siguen vistiendo muy bien las opiniones y prejuicios de la ciudadanía. Me cuentan que el chico es ahorrador, incluso un poco agarrao. Sabe bien cómo gestionar sus caudales públicos u honorarios semanales, esos que con la crisis parecieran haber desaparecido.

No crean, aún así, que se libra de la crítica vecinal. Se oye a través de las paredes y tras las puertas de las diferentes plantas, que vive por encima de sus posibilidades y, o baja su nivel de vida, o le pillará el toro de los recortes como a tod@s. Un toro sin astas, pero que penetra en el estado del bienesta,r tantas veces recurrido y reconocido, dejando entrever la fragilidad del sistema y los déficits humanos. Ese bajo pensamiento de mitad de siglo, que soñaba y exigía la decencia de poder vivir en unas mejores condiciones que las anteriores: “Trabajar para vivir o vivir para trabajar”.

Bosco, que así es su nombre, no habla ni entiende de estos debates antiguos del hambre, la post-guerra y el apretarse el cinturón. Nunca ha vestido éste último, llevando siempre caídos los pantalones, dejando ver los últimos boxers del mercado. El trabajo, la formación y próxima emancipación, son contenidos futuros enmarcados dentro de un contexto de mayores posibilidades que las actuales: crisis, paro, recortes… La excusa perfecta, pero permitida de momento por sus 16 años cumplidos recientemente.

Si no fuera por la exhibición material, a veces morbosa, que generan la última oleada de programas sociales de La Sexta (mansiones, cochazos de lujo, ric@s a doquier…), podría pasar perfectamente por un@ de ell@s. O eso le achacan al pobre, sin haber abierto la boca.

Esta misma mañana, me ha agarrado del hombro por detrás, justo cuando entraba en el Hogar. Me ha saludado, me ha empezado a hablar de las últimas buenas calificaciones escolares que ha tenido en el centro educativo y nos hemos decidido a entrar. Mi lugar de trabajo, su lugar de reposo. Qué gran privilegio el poder contar con un recurso que nunca hubiera podido imaginar a usar ni poseer. Como ven, viviendo por encima de sus posibilidades.