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Eterna Primavera

Después del libro (presentaciones, distribución, prensa, clases prácticas en las universidades y un largo etcétera, que esperemos se extienda en el tiempo), volvemos con la educación social de base: a la praxis diaria.

Trás los reconocimientos y “éxitos rotundos” ya mencionados, de Patxi y la fabrica de chocolate y el Pijo de mi escalera, hoy nos centramos en una de las grandes y mas gratas sorpresas primaverales. Tan real, práctica y relevante como la educación social en si misma: siempre redescubriéndose.

La mañana era gris (no podía ser de otra manera, por lo menos aquí en el norte) y prometía algunas dudas o incertidumbres. Un caso nuevo sobre la mesa del equipo educativo y un nuevo reto en el horizonte: Cynthia tiene 12 años, pero al revés que la mayoría de los chic@s de hoy en dia, no quiere aparentar más de los que le corresponden. En origen, el caso parece tener unas dificultades equis, que luego en la práctica se revierten en equis menos 2. Única y afortunadamente debido a la gran colaboración y apoyo familiar: “no podemos con ella, pero no vamos a dejarla a su suerte“. Con este plan de inicio, se puede hollar la cumbre más alta del planeta, créanme.

El coordinador de caso titubea en un inicio sobre el plan de seguimiento: desde mucha comunicación e interrelación familiar para los primeros días, hasta el distanciamiento y oxigenación inicial con el hogar como recurso e ir recuperando esa distancia con los logros conseguidos mas a corto plazo.

Pero volvamos a la flor del caso. Cynthia. Vaya tela con la muchacha. Pequeña tirana de estatura y gran estadista en las distancias cortas: “Hago caso a quien quiero y cuando quiero. No me gusta ir a clase y haré lo posible por conseguirlo. Sólo quiero comer las cosas que me gustan. Ahora quiero jugar, ahora quiero hacer, ahora quiero ir, luego quiero quedarme…. Quiero, quiero, quiero: Cuanto me quiero”.

Desde hace veinte días, sólo le ha dado tiempo a aprender dos o tres cosas. Ya saben que las cosas de palacio, van despacio. Y si el palacio es infantil o juvenil y los príncipes, son pequeñ@s personajes con videojuegos, pues toca ir poco a poco.

Creemos que el camino está ya en marcha. El sendero bien luminoso y los parajes por donde transitar, parecen sacados de una novela de Tolkien. Prados verdes, frondosos y primaverales, como en la tierra Media.

Ha acudido al nuevo colegio más tiempo que el sumado en los anteriores 6 meses. La implicación del profesorado, la motivación de unos nuevos educadores por querer rescatar las potencialidades que ella intentaba ocultar, están permitiendo germinar esa planta tan importante de los vínculos: a un lugar, a unas personas, a un aula, a unos compañeros, a unas costumbres, a unos hábitos.

Está aprendiendo a valorar los esfuerzos: los suyos propios, y los de las personas que están ayudándola en este proceso. Por conocer cosas nuevas, por probar, por asumir diferencias. En definitiva, probando un cambio tranquilo desde una perspectiva que no conocía: el entorno (nosotr@s), donde antes sólo era una (el yo).

Y la consecución más importante, aportada de su propia cosecha: Está aprendiendo a querer a su familia y a sentirse querida. No verse relegada ni minusvalorada si le niegan o limitan cosas. Comprobando que el mundo unipersonal que se había creado, no sólo estaba formado de buenos y malos, blancos y negros.

Pudiendo ver al fin, el arco iris tras el sol y la lluvia.

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