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Mezclando pero sin Revolver

Mezclando pero sin Revolver

Mientras escucho de fondo una entrevista en la MTV a Alaska y Mario que hablan de un nuevo reality en él que, cual Gran Hermano, pero sin más concursantes, una cámara sigue sus vidas, pienso en la distinta acogida de la gente, compañeros y chavales, tras un paréntesis obligado.

Cada persona vive, siente y gestiona de diferente manera situaciones que pueden definirse como incómodas, embarazosas… Para entendernos. Son contextos en los que nos resulta difícil decidir qué es lo más pertinente a la hora de decir, comentar o preguntar.
En este sentido, algunas personas se encuentran más incómodas, más aturdidas, torpes o no terminan de arrancar. Otras, en cambio, pueden pecar de falta de sensibilidad, de ser demasiado directas…

En todo caso, resulta obvio que la persona que recibe tales manifestaciones es más receptiva a un tipo de mensajes que otros, sin embargo creo que como en tantos aspectos de la vida, la virtud está en el equilibrio. Y en este caso yo apuntaría a un equilibrio entre naturalidad y cariño.

Mario y Alaska comentan que el programa de MTV va a tener como colofón su boda en España. Comentan que quieren que sea una boda íntima, en torno a 80 invitados, para que no se convierta en un espectáculo…

Un educador de calle en cierto sentido es como un actor de teatro, así me he sentido en mi reload profesional, nervioso tras mucho tiempo fuera de los escenarios, con el recuerdo tibio del éxito considerable de mi última función.

A veces también me siento imbuido en un reallity más intenso, cortante y palpitante que ninguno de la desgastada parrilla de Telecinco. No en vano, es lo que pasa trabajando en primera línea, cara a cara, de tú a tú con jóvenes, en su espacio, en su territorio.

Tenía miedo al reencuentro, ¿se acordarían de mí, me volverían a dejar ser testigo directo de su mundo?

El telón ya se elevó, y aquí estoy, sentado en un banco de aquel, de este parque, y aquí estoy de pie agitando los brazos mientras converso y me pongo al día.

Algunos preguntan sobre mi ausencia, otros simplemente me saludan con efusividad, algunos, que también los hay, pasan, pero quizá lo hiciesen del mismo modo antes de mi ausencia, conozco nuevos jóvenes…

Un educador de calle se mueve entre el miedo a actuar y la adicción adrenalinítica del directo.

Un educador de calle siempre guarda en su interior ese traje, que aunque hace tiempo dejo de usar, está ahí, continúa ahí, siempre sigue ahí.

No podemos huir de lo que somos y creo que esté dónde esté en el futuro, siempre seré educador de calle, porque me doy cuenta de que está profesión te cala como un ejército de magníficos taladros.

Estoy encantado de volver al directo y de no haber olvidado porque me gustaba, me gusta tanto.

Gracias en verdad a todo el mundo que con sus abrazos me ha dado ese último pequeño, pero complicado empujón, gracias a los jóvenes por reservarme un hueco a su lado y a quienes comparten conmigo de cerca estas experiencias.

Yo no tengo un programa en la MTV, ni una cámara que me siga en mi vida, pero no los necesito, no hace falta grabarlo todo para que lo más importante, lo que sentimos se quede grabado en nuestra memoria.

Además, tengo la suerte de escribir en un blog, tengo la suerte de poder visibilizar un trabajo tan desconocido como el de un educador de calle.

Dentro de unos meses, el reality de MTV tocará a su fin con una “discreta” e “íntima” ceremonia… Mientras, yo seguiré sentado en ese banco, pateando las aceras, viviendo y respirando el asfalto, el cemento y la tierra de la calle…

Cada loco con su tema y yo loco por la educación de calle.