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Carné de Padres y Madres Competentes

Carné de Padres y Madres Competentes

No es mi deber darte de comer, ni de cenar”. Si estas palabras se las dirigiese una madre a su hijo de treintaitantos, que no hace ni amago de mover un dedo con respecto a las labores domesticas, no pondríamos el grito en el cielo. Pero si en cambio, van dirigidas a un adolescente de 16, la cosa cambia y más aún, si esta situación se prolonga por más de un mes.

A esta madre yo le quitaba 6 puntos de carné. Estoy hablando de un carné ficticio, por supuesto, pero que últimamente me estoy empezando a plantear no como una idea descabellada, no como un sinsentido. ¿Acaso no debiera legislarse, regularse la competencia como padres o madres, estableciendo unos mínimos?

Ya con respecto a las razas peligrosas de perros, existen legislaciones, en las que se realizan estudios psicotécnicos para analizar la capacidad del dueño para educar convenientemente a su cánido.

Creo que si una persona no aprobara dicho test, tampoco se estimaría que tuviera capacidad para la educación de un ser humano.
Sé que resulta polémico plantear un tema así, ya lo decía Aznar en referencia al consumo de alcohol y la conducción: “¿Quién es la DGT para decir cuanto puedo beber?”; y ya sé que muchas personas indicarán que debemos apelar a la responsabilidad de las personas y no legislar y regular absolutamente todo. Pero permitidme que muestre mi indignación ante estas situaciones.

Estoy más que harto de ver encenderse una y otra vez en brillante neón, la frase “bastante bien está para la situación en la que se encuentra” en referencia a la situación familiar de los menores y adolescentes.

Soy consciente, de que éste es uno de los orígenes, uno de los desajustes del sistema, en los que educadores y otros profesionales incidimos como parte de nuestro trabajo. Debo decir que ojalá esta necesidad fuese menor.

Comentando esta reflexión, me viene a la cabeza la entrevista que protagonizaron mis compañeros Asier y Lucce en Tas Tas Irratia (Tas Tas radio). En dicha entrevista, el presentador aludía a la función del educador como controlador social, como profesional que corrige los desajustes del sistema. Este es un tema con suficiente entidad para dedicarle una entrada completa. Así que simplemente lo dejo colgado en el tablón de temas pendientes del Educablog.

¿Qué culpa tienen las hijas e hijos de que sus padres no tengan dos dedos de frente? Entonces ¿por qué han de pagar por errores de otros? ¿Están desprotegidos? ¿no existe ningún tipo de protección preventiva? ¿Acaso sólo somos capaces de parchear cuando el problema ha llegado a mayores?

Casi todos los días desde que reinicié mi trabajo, veo como niños y niñas, veo como distintos adolescentes, luchan por sobrevivir, por adaptarse a la realidad que les ha tocado vivir, intentan aceptar lo que les sucede, cómo son sus padres y madres, cómo seguir adelante terriblemente solos. En algunos casos, con el mínimo apoyo de un educador de calle, de forma puntual, o en el mejor de los casos, con alguna amiga o amigo en el que pueden confiar.

No en vano, es sabido por todos y todas, que trabajar con madres y padres resulta de lo más complicado, hallándose estos armados de corazas tejidas con hilo de grandes resistencias. En este sentido, resulta demasiado común la situación en la que trabajamos con el joven para intentar mitigar las consecuencias, o para acompañarle hacia un futuro más prometedor, mientras sus padres no muestran ninguna implicación, ni sentimiento de culpa (al menos aparente)

Resulta muy frustrante ver como quien tiene la responsabilidad principal con respecto a la situación de su hija, se evade de la misma y echa balones fuera, como culpando a la escuela (todo un clásico) o a la sociedad en general (el difuminador oficial de responsabilidades)

Seamos serios. Admitamos que no todas las personas son capaces de adoptar el rol de padres y madres. Vayamos más allá del conformismo de la imposibilidad de control. No estoy hablando sólo de control, estoy hablando de buscar fórmulas para la prevención, formulas para evitar que el más débil, la menos capacitada, el niño, la adolescente, sea víctima de la incapacidad de sus padres. No puedo conformarme con el papel de poner tiritas sobre heridas abiertas.

Imaginemos que se aprobara la realización de un estudio de competencias mínimas para ser padre o madre ¿Mejoraría la situación de nuestros jóvenes? ¿Tendríamos menos trabajo? ¿Quién sería el indicado para definir el tipo de estudio, quién sería la indicada para aplicarlo, para evaluarlo? ¿Habría que complementar esta medida con otras? ¿Qué medidas?

Ella tiene 17 y se ha quedado embarazada de un chico de 18 que conoció hace dos meses y se plantea seriamente tenerlo. ¿Qué futuro le espera a ese niño? ¿Está esa madre capacitada, es ese padre consciente de su responsabilidad?

Muchos interrogantes abiertos a vuestras mentes pensantes…