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Un paseo descalzo por la noche de San Juan

Un paseo descalzo por la Noche de San Juan

La humeante cinta de seda gris invade la noche. Sus tentáculos se funden con el sonido constante de las farolas de luz naranja.
El olor suave, pero constante, penetra en las narices… Grandes narices algunas, otras aguileñas, chatas, distintas…

Voy callejeando, ensimismado en mis pensamientos… Es como si el humo te envolviese, narcotizándote e induciéndote a un estado de abstracción. Con cada paso, voy pensando en lo ocurrido durante los últimos meses, voy pensando hacia dónde me dirijo como persona y como Educador.

Últimamente, estoy dándole vueltas a cómo mejorar la repercusión del trabajo que realizo, como sistematizar en mayor medida la actividad, como programar objetivos posibles, en un medio tan dinámico y variable como el tiempo en la primavera que hace poco dejamos atrás.

A lo lejos, un tapiz de centelleantes y asimétricas hogueras se refleja en mis pupilas. Unos chavales pasan gritando a mi lado, emocionados, entregados a una persecución saltarina.

…Y ¿por qué nos cuesta tanto trabajar en red?

Mientras camino solo, no es una casualidad pensar en esto.

Se dibuja oportuna en mi memoria la palabra “Incomunicados”. Así se llamaba una obra de teatro que de forma involuntariamente premonitoria, interpretamos durante la carrera de Educación Social. Al final, la comunicación es tan difícil o tan fácil como la hacemos las personas.

El murmullo va creciendo tras las moles de cemento, cristal y plástico; tras ascender levemente, me dispongo a emprender el sostenido descenso. La gente se arremolina alrededor de las hogueras, el olor es penetrante, a chamuscado, tostado, quemado, carbonizado. Cóctel de sabores a ascua encendida.

La persona, ese es el final del camino de las distintas intervenciones. Todos debemos caminar hacía esa palpitante hoguera y de nosotros depende el hacerlo conjuntamente o cada uno por nuestro lado. Por qué nos complicamos la vida con miedos infundados, con egoísmos profesionales tendentes a ideas como, “este usuario es mío, yo lo vi primero”.

No olvidemos que, cuanto más unidos trabajemos, más coordinadas estén nuestras acciones y más nos complementemos, mejor serán los resultados, es decir, que las personas se verán beneficiadas.

Los pensamientos se van difuminando junto con el humo, la cara me arde coloreada de un intermitente naranja. Podría pasarme horas, minutos, vidas, contemplando la fábrica incandescente de cenizas. La celebración del solsticio de verano está envuelta por un aire mágico…

Salto por encima de las brasas.

Es importante coger impulso en uno de esos remolinos y aprovechar esa magia, para llevarla a nuestra acción como profesionales.
No en vano, la magia nos otorga un pedazo de fe en lo que hacemos, nos hace creer que aunque nos digan que es imposible, hay esperanza en que esa aludida red se teja con hilos “mágicos”. O quizá me esté embriagando con los vapores secos del humo de tablas, sofás, colchones y cajas…

Las brujas danzan alegres mientras el fuego se consume. El recuerdo de las llamas es, en definitiva, incombustible.